12 ago 2014

El mundo según USA

            El orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial se moldeó a partir de los resultados del conflicto armado. Al menos en Occidente, hasta la caída de la URSS, el liderazgo norteamericano fue la constante. Luego del ’89, se constituyó un escenario unipolar y las instituciones que regían, hasta el momento y principalmente para Occidente, se hicieron extensivas a Oriente. En el contexto de la hegemonía norteamericana, los cimientos de la economía internacional se asentaron sobre dos instituciones de participación multinacional: Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. Los cimientos de la política internacional yacen en la vigencia de los Organismos Internacionales, especialmente las Naciones Unidas y dentro de ella su Consejo de Seguridad.

En estos días, Obama debe estar teniendo problemas para conciliar el sueño. Las responsabilidades de Estados Unidos como garante del orden internacional se expresan con furia en distintos frentes. Por aceptación u omisión de las mismas.
           
En el terreno económico, el surgimiento del nuevo Banco de Financiamiento por parte de los BRICS enciende una luz amarilla sobre de la vigencia de las instituciones financieras internacionales establecidas en el post Bretton Woods, al menos tal como las conocimos hasta hoy. Sobre todo, considerando que el funcionamiento de instituciones no sólo depende de sus características sino también de la confianza de los actores que las utilizan en que esas instituciones son el arreglo posible más eficaz y eficiente para interrelacionarse.

Creer que es signo de la decadencia del hegemón es creer en una verdad revelada. Nada de lo que sucede hoy indica decadencia, sino un período transicional. Fue una expresión de voluntarismo dialéctico extremo afirmar que el capitalismo se estaba terminando durante la crisis de 2008. El capitalismo (supuestamente terminado) redobló la apuesta con más capitalismo: salvó, en distintos países del mundo (siempre con dinero de los contribuyentes), a todo el sistema bancario.

Paréntesis nacional de este fenómeno. Hoy, aunque muchos funcionarios de nuestro gobierno sueñan con la construcción de un banco solidario, asegurar que este banco va a operar en otros términos que los ya existentes es el clásico solipsismo al que nos han acostumbrado: existe si nosotros lo concebimos en nuestra mente. La realidad sólo como un estado mental. La sed genera alucinaciones. La sed de dólares, también. Una suerte de oasis en el desierto capitalista.

Sólo sabemos que no sabemos nada: el banco recién empezará a funcionar en varios años y todavía no se conocen los términos y condiciones bajo los cuales lo hará.  

Volviendo a la esfera internacional, es interesante preguntarnos en qué medida Estados Unidos, con la política de tasas bajas aplicada por el Fed durante los últimos años, ha contribuido a impulsar la valentía económica del grupo de emergentes “estrella”. Multipolarismo económico le queda muy grande a la realidad económica actual. Ahora bien, la política monetaria fuertemente expansiva que desarrollo el Banco Central de los Estados Unidos durante los últimos años inundó de dólares el mundo.

Con el objetivo de apuntalar el consumo interno, por un lado, la Reserva Federal imprimió dólares y, por el otro, bajó las tasas de interés a niveles históricos acelerando la circulación del dinero. La consecuencia: en vez de poner el dinero en los bancos, la gente, los inversores y cualquiera que poseyera dólares prefirió tenerlo en la mano para gastarlo en cuanto pueda.

Gasto en consumo corriente y muchas ganas de usar el dinero, por ejemplo, para dar préstamos a países normalmente considerados riesgosos, a tasas de interés de países seguros y solventes. Bolivia tomó deuda a 4,875% en 2012. Kenya y Jamaica han tomado deuda a tasas levemente más altas, aunque todavía sorprendentemente bajas.

             Esta fiebre de dólares a nivel internacional tuvo un fuerte impacto sobre los países emergentes que, en muchos casos, supieron engrosar sus posiciones en dólares hasta niveles históricos. Este es el caso de Latinoamérica, dejando de lado casos especiales como Argentina y Venezuela, donde los Bancos Centrales se encuentran fortalecidos.

            El atrevimiento de algunos países en lo económico también tiene su expresión en el terreno político. El fenómeno más conocido por estos días es el conflicto de Rusia con Ucrania, que no es más que la materialización de la política exterior regional que el país bicontinental ha desarrollado durante su historia. Lo importante es la frontera con los europeos que en ningún caso debe coincidir con la frontera natural del gigante. Diplomacia blanda ha sido la desarrollada hasta ahora: intervención sutil en la política interna de los países que la rodean, creación de Estados tapón hacia Occidente. Nada distinto de lo que hace la Unión Europea hacia el Oriente. La intervención en Crimea fue en la dirección contraria.

            Y el vacío de respuesta producido a este evento es ciertamente otro llamado de atención. No hay respuesta a este evento. Recién meses después, Estados Unidos se alía con la Unión Europea para imponer algunas sanciones. No tantas, sino los europeos tendrán frío el invierno que viene.

Tampoco hay respuestas al conflicto subyacente entre China y sus vecinos por el espacio marítimo. Si así fuese, Japón no estaría cambiando radicalmente la política militar que ostentó desde la Segunda Guerra Mundial.


Estados Unidos tiene serias dificultades para intervenir en los equilibrios de poder existentes en cada región del mundo. Se multiplican los conflictos en todos los casos. Así también las dudas. Entre tanto, el líder indiscutido de los ’90 pelea para mantener el magro crecimiento económico logrado en los últimos años. Quizas, no poder ocuparse de la política interior y exterior de manera simultánea y coherente sea, muy posiblemente, uno de los principales signos de un liderazgo que, aunque persiste, está en baja. 

8 jul 2014

La discusión del Gobierno ya pasó del terreno de las conquistas reales a las lingüísticas.

El discurso de la administración actual ha sido coherente a lo largo de estos años en al menos un aspecto: el patrón de análisis de la realidad siempre ha sido en términos relativos. Durante todos estos años han hecho propio el recurso de la comparación para justificar cualquier enunciado. Las comparaciones han sido múltiples: temporales, como “en 2003 encontramos un país así y hoy está así” o “durante los años ’90, en el auge del neoliberalismo, las cosas eran así y hoy son así” y otra muy utilizada: la que compara la actualidad con la nefasta época de la dictadura. Pero no sólo han sido temporales sino espaciales: en esta parte del mundo las cosas son así y en esta así. En la época donde se impuso, más que nunca, la rebelde moda de poner los mapas al revés cuestionando los puntos cardinales N-S, el gobierno argentino no sólo cuestionó esos puntos cardinales sino también los dos restantes, sugiriendo en repetidas oportunidades la injusticia del mundo actual, especialmente, para con nuestro país y continente. Recordando constantemente que Argentina se mantenía en pie en un mundo (Europa y Estados Unidos) que se cae a pedazos. “En esta punta del mundo hacemos las cosas así, allá las hacían de aquella manera y miren como terminaron”.

Y claro, es que la realidad es, en sí misma, una rebelde, ya que se resiste a ser contenida y limitada en un grupo de palabras y gestos. Por esta razón, lo que se exprese verbalmente, siempre es parcial y no neutral. Especialmente cuando está expresado por alguien con cierto nivel de jerarquía en términos de poder. Más que nunca es, en este caso particular, cuando la comparación se vuelve bastante engañosa. Pero sacando un poco de ventaja sobre las asimetrías de información en que está inmersa la sociedad de masas, a pesar de estar híper conectada e híper informada, es un recurso tremendamente eficiente.

Ésta es sólo una de las razones por las que, durante muchos años, este recurso discursivo estuvo al servicio de la política gubernamental. Si se lo compara con 2003, el PBI argentino aproximadamente un 90% (2011), la pobreza se redujo considerablemente (o al menos cambio en su composición) y el desempleo se ubicó en un nivel relativamente bajo. A la luz de la comparación con el pasado se explicaban, en alguna medida, las miserias y errores del presente y, simultáneamente, se evitaba pensar en lo que venía.

Ahora bien, ¿será que el uso y abuso del recurso de la comparación a lo largo de los años lo llevó a perder efectividad en su pretensión de ensalzar la realidad actual en contraposición a la pasada? ¿O será que la realidad actual se está llevando puesto a cualquier intento discursivo por justificarla que no sea una explicación de las razones por las que, una vez más, estamos sufriendo como sufrimos en aquellos años contra los que supimos compararnos durante toda la década?

Lo que parece más claro es que hoy los indicadores sociales y económicos están desbordando más que nunca al discurso y sólo hay malas noticias. En los últimos tres años, el déficit se disparó y está llegando casi a 5 puntos del PBI, la deuda externa creció, la inflación aumentó, el PBI cayó y la construcción, la industria y la venta de autos vienen en caída libre y parecen no encontrar el suelo. El desempleo vuelve a la agenda, el déficit energético explica, en parte, la extrema sangría de dólares que sufre Argentina que tan sólo hace tres años tenía 55 mil millones de dólares y hoy lucha, no sin tropiezos, por no bajar de los 28. De la pobreza no sabemos porque ya no se publican los índices. Ganamos una década.

A todo esto, el gobierno, no sin pocos apoyos, sigue superándose en su capacidad de poner, para bien o para mal, el lenguaje, las reglas de la economía y la política  nacional e internacional y otras cosas más, a su servicio. Hace “ajustes expansivos”. Busca un “endeudamiento heterodoxo”. Y hoy, está librando una verdadera lucha contra el mundo, digna de un adolescente enojado. Las bases sobre las que se sustenta la economía y la política internacional del nuevo siglo son completamente erróneas e injustas. La diplomacia con la que se intenta cambiarla (tarde) es la del portazo, el pataleo y la puteada (desde lejos).    

Entendemos entonces que todo el que no concuerda con la estrategia que está desarrollando el gobierno en este antiguo problema que hoy amenaza con ahorcar a la economía por varios años sea acusado de “buitre”. Aquí entran los ciudadanos que critican, los grandes medios de comunicación, la señora del barrio y otros. Todos conspiran y son agentes de Griesa. Estuvieron agazapados todos estos años, y quieren lo peor para el país, sobre todo porque las consecuencias de una asfixia económica producida por la solución errónea del problema no son conocidas para todos.

Es que no queda más que el terreno de la dialéctica, donde el gobierno sigue defendiéndose a capa y espada. De los tribunales de aquí, de los de EEUU, de los del Banco Mundial.

Mientras tanto, Argentina sigue como fiel contribuyente a la ciencia universal. Sale de todo pronóstico científico realizado hasta el momento y se posiciona como un caso anómalo que constantemente está midiendo el temple de las leyes y teorías de los paradigmas modernos de pensamiento. Con nuestra historia empujamos constantemente a la ciencia a su etapa revolucionaria, es decir, nadie tiene herramientas para explicar porqué a Argentina le va como le va. Tampoco el gobierno. 

22 dic 2012

Las consecuencias sociales de la paz (económica).



El 2001 no fue gratis. Generaciones enteras que se cayeron: de la sociedad, del mercado, de su propia familia, del país. Clases medias acostumbradas a tener patrones de consumo, no importa cuales, determinados productos diarios, el viaje de todos los años en enero, el sueño del padre de poder lograr la fiesta de 15 para su hija y, con mucho esfuerzo también, comprarle un auto, porqué no usado, a su hijo a los 18. Todo termino de un año para el otro. Grandes sectores de la clase media que se cayeron a condiciones económicas precarias, retrocediendo en el tiempo. Y la clase baja lo sufrió, de otra manera obviamente. Los ya marginados durante los treinta años de potentoso neoliberalismo, salvaje durante los noventa, quedaron todavía más marginados.

Saqueos, represión, muerte, enfrentamiento social, derechos perdidos, juicio social a nivel micro, crisis de representación a nivel macro, ruptura total del tejido social ya resquebrajado. La cumbre de la otredad. Transmutación de los roles hasta el momento asumidos como normales: los hijos van a la escuela, la madre ama de casa y el padre provee. El padre se queda sin trabajo, probablemente se separa el matrimonio, o no, la mujer sale a buscar trabajo y probablemente no lo encuentra, o termina haciendo cosas que nunca se imaginó que haría. Generaciones de hijos que vivieron aquella crisis social a nivel micro y macro, en su familia y en la comunidad entera. Se desdibujan los límites entre el bien y el mal en todos los niveles.

El impacto sobre aquellos individuos que estaban en la cúspide del proceso de formación de su personalidad, en su adolescencia. El impacto sobre los padres de aquellas victimas, a quienes trastocaron todos sus principios. ¿Lo hizo el mercado? ¿Lo hizo la clase política? ¿Fue la misma sociedad? Sin duda es un conjunto de factores.

Los últimos diez años de bonanza económica fueron un espectáculo. Como pocas economías en el mundo, Argentina resurgió de las cenizas volviendo a crear empleo, distribuyendo beneficios económicos a todos los sectores. La clase media se duplicó, volviendo a incluir a gran parte de los sectores antes marginados. Se pacificó también a los afectados por el default del 2001, los actores externos. La macroeconomía todavía exhibe números sumamente favorables a pesar de todas las voces que hoy quieren levantar el teléfono de una nueva crisis (charlamos de esto acá hace tiempo).  

Hoy volvemos a ver imágenes que todos, ingenuamente, creían que no volverían a ver más. Saqueos, represión, muerte, enfrentamiento social, derechos cuestionados, juicio social a nivel micro, crisis de representación a nivel macro, resurgimiento de los quiebres en el tejido social. ¿Fue realmente reparado aquel tejido social? 

Hace tiempo que nos contentamos con las explicaciones del tipo económico: si al país le está yendo tan bien, entonces cómo es posible que haya otra vez saqueos. Si los niveles de pobreza y desempleo son tan bajos, cómo puede ser que haya saqueos nuevamente. "Son ladrones, si tenes hambre no te robas un LCD, te robas comida". Bueno, intentemos superar este tipo de explicaciones, dignas de ser dichas por los economistas ortodoxos que en su momento nos llevaron al pozo, los que se olvidaron de las consecuencias sociales de la paz económica. La economía no puede explicar esto. Es que el 2001 no fue gratis: aquella época que trastocó todas nuestras maneras de comprender lo que pasaba, partió en dos la regla con la cual medir lo que está bien y lo que está mal, cristalizó nuevas maneras de percibirnos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Cristalizó actitudes, formas de juzgar y explicar los fenómenos propios y ajenos, formas de solucionar las cosas. Todos cristales que quedarán y subsistirán más allá de la bonanza económica: la plata no soluciona todo. 

Pareciera que hoy persiste la otredad, tan destructiva de los lazos sociales en todo nivel. Muchos entienden a los que en estos días salieron de sus casas a saquear como hordas de ladrones o arreglados políticos que buscan hacer caer el orden. Es esa otredad la que nos lleva a caer en teorías conspirativas donde una mesa chica de decisiones logra prender fuego un país. Noblesse oblige, debe subrayarse que en Argentina ha pasado y puede seguir pasando. Pero la manera de entender como se lleva a cabo esa manipulación social con fines políticos es clave y define nuestra posición al respecto: no se puede pretender creer o hacer creer que todos los que salieron a saquear están arreglados, que son todos parte de un grupo destituyente, o todos una banda de narcos. Lo más probable es que haya existido un teje y maneje detrás de bastidores, por parte de la oposición, de grupos sindicales y mediáticos pero realmente ¿se les puede asignar tanto poder?. En mi opinión, no. 


Los que tejen y manejan estas situaciones sacan ventaja de necesidades preexistentes. Sacan ventaja de las carencias que tienen los individuos que fueron a saquear. Carencias económicas, pero por sobre todo, carencias socioculturales. La responsabilidad, en último término mal que nos pese, todavía es del Estado y la sociedad misma, que no entiende que el dinero no lo explica todo. Va a llevar años reconstituir percepciones socioculturales que mantengan el fino equilibrio de la paz en la sociedad argentina. Años de invertir mas, mucho mas, en educación, cultura, ciencia, tecnología, trabajo, etc. 
10 años de presupuesto abultado en estos sectores, 4 años de AUH y mucho más, no solucionan la ruptura del 2001, que no sólo se dio a nivel macro, sino a nivel micro: individual y relacional. Condiciones que son una bomba preparada para ser usada por cualquier sector político que este dispuesto prender la siniestra mecha de la necesidad que, en último término, explota en caos social.





19 nov 2012

Intelectuales que juegan a ser periodistas y periodistas que juegan a ser intelectuales.

Discusión entorno a la figura de Laclau, hoy venerada desde muchos espacios, criticada desde tantos otros, aquí traigo algunas notas en los diarios que intentan poner blanco sobre negro al debate. Creo que la discusión debe dejar de lado connotaciones sobre las personas y enmarcarse estrictamente en el terreno de las ideas para poder generar avance a la ciencia.  

http://www.lavoz.com.ar/opinion/que-es-populismo (Nota disparadora)

http://www.lavoz.com.ar/opinion/laclau-newton-manzanas

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-208129-2012-11-19.html

12 nov 2012

Secession

Con las elecciones en Catalunya (25/11) en puerta, adjunto un artículo de Félix Ovejero, profesor de la UB en España, en el diario El País. 


No me acabo de reponer. Cuando intentaba entender qué había llevado a los sindicatos catalanes a defender un pacto fiscal y unas políticas lingüísticas que quiebran el principio de igualdad entre los ciudadanos, me entero de que asistieron a la manifestación independentista. Pero, en fin, con un poco de esfuerzo, puedo conjeturar alguna explicación, no muy caritativa, puestos a decirlo todo. Eso sí, lo que está fuera de mi entendimiento es el silencio de los sindicatos y de la izquierda en el conjunto de España. Incluso algunos dicen, como en los años de plomo, “algo habremos hecho los españoles para llegar aquí”. En realidad, se deberían preguntar qué es lo que no han hecho, por su dejación, por qué han aceptado sin rechistar tanta retórica trucada, peor que la de la Liga Norte.
Pero ahora, tal como ha dibujado el debate Mas, ya no cabe silbar. La propuesta secesionista no permite la equidistancia, por la misma razón que no hay un punto intermedio sobre el matrimonio homosexual. A favor o en contra. Tampoco cabe la retórica de la reacción, ese empalagoso “la culpa es que no nos quieren”. Si pueden, que fundamenten su propuesta, que no es sencillo, pero que no se justifiquen. Me fascinan las piruetas de quienes, para defender ideas que hace dos días consideraban desvaríos, se explican a sí mismos. Toda su teoría es la de Jeanette: “Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así”. Hacer sociología de uno mismo es negarse la capacidad de juicio. Deshonestidad intelectual.
El debate está abierto y, por supuesto, cabe abordar sus fundamentos. Algunos hemos dedicado libros a ello, pero, si me permiten una recomendación, busquen Secession, un clásico reciente escrito por un filósofo de procedencia marxista, Allen Buchanan. Su tesis es sencilla. El territorio político es un proindiviso, no una sociedad anónima. No es un contrato entre partes. Sevilla es tan mía como de un sevillano. O tan poco. Todo es de todos sin que nada sea de nadie en particular. Se decide en ese espacio jurídico, no se decide ese espacio. Mi propiedad es legítima porque existe previamente ese terreno común. Se vota dentro de las fronteras, no las fronteras. El “derecho” a la separación es, si acaso, derivado, respuesta a una violación sistemática de derechos básicos, como sucede con las colonias. La democracia resulta imposible si una minoría, en desacuerdo con las decisiones, amenaza con “marcharse con lo suyo”. Entonces la democracia rompe su vínculo con las decisiones justas y se convierte en un juego de amenazas. Lo podríamos llamar “el teorema de Marbella”: con una identidad compartida —que da el dinero— a prueba de carbono 14 y un “expolio fiscal” estratosférico, los marbellíes no pueden decidir que “se van con lo suyo”, porque, aunque dueños cada uno de su parcela, Marbella no es suya con independencia de una ley de todos y dentro de la cual cobra sentido hablar de mío y tuyo.
El primer paso es que Mas vaya a las elecciones con la independencia por bandera
Eso sobre los fundamentos, pero ahora estamos en otra cosa, en una respuesta política a la iniciativa del nacionalismo. Quien se cargó el pacto fiscal fue Mas. El pacto fiscal no es una alternativa a la independencia cuando se nos dice que es el camino a la independencia. Si no estamos en lo mismo, no cabe discutir sobre fiscalidad. Y si estamos en lo mismo, entonces, entre todos, como conciudadanos, no como pueblos, nos ocupamos de la justicia distributiva —no de la solidaridad, que no somos una ONG— atendiendo al principio —de la Constitución española, que no de la venezolana— de que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.
Es posible que, como respuesta política, en algún momento, debamos preguntar por la independencia. Una pregunta que por lo dicho, porque Cataluña, como territorio político, no es más mía que de Anasagasti —por mencionar a un manifestante del otro día en Barcelona—, debería hacerse a todos los españoles. De todos modos, quizá, en el orden de las cosas, haya que pasar por una consulta en Cataluña. Sobre eso, poco que añadir a lo escrito aquí mismo por Ruiz Soroa.
Pero ese sería el final de un largo recorrido. El primer paso es que Mas vaya a unas elecciones con la independencia por bandera. Sin subterfugios. Con la palabra exacta: independencia. Su guión es nuevo: sus votantes compraron una negociación y ahora les ofrece un drama. Es algo más que el truco fundante del nacionalismo: un conjunto de individuos (los nacionalistas) sostiene que otro conjunto de individuos (más numeroso) es una nación y que ellos son sus portavoces. Ahora nos dice que esos otros quieren irse de un país. Un mensaje que no admite presentaciones desdramatizadas. Mas nos tiene que contar en detalle cómo va a llegar a la independencia y su precio. Quizá los catalanes comiencen a reparar —los empresarios, ya avisan— que la fuente de sus problemas no es “Madrid”, sino sus dirigentes.
No solo Mas tiene que hablar. No está de más decirlo. Con frecuencia, ante las tesis nacionalistas, buena parte de nuestra clase política no pasa del “no estoy de acuerdo, pero las respeto”. Como si les preguntaran sobre el vegetarianismo. A nadie se le ocurriría responder lo mismo a cuenta del sexismo. Si uno está en contra de algo, lo que hace es combatirlo en buena ley democrática. Tampoco vale, ahora menos que nunca, esa actitud intimidada que lleva a tantos a no opinar sobre lo que pasa en otra parte de España. Personas capaces de manifestarse en contra de remotas injusticias se callan ante el temor de que les digan que “no se metan en nuestras cosas”. Se han de escuchar todas las voces, no ya porque seguimos hablando de redistribución de riqueza entre conciudadanos o de vetos que rompen la igualdad en el mercado de trabajo, sino porque se trata del marco político de todos. Y su ruptura tendrá consecuencias en la vida de todos.
El cuento de que todo seguirá como si tal cosa es una patraña más de los nacionalistas
Pero hay otras razones para que todos hablen. En esas elecciones votaremos los catalanes, pero antes de hacerlo nos importa saber qué estamos decidiendo, qué nos jugamos. Algo que no depende de nosotros. Y Mas no puede contestar a las preguntas importantes, que no son que si ejército o Barça, sino qué pasará con las empresas españolas, los mercados, las pensiones, los funcionarios del Estado, nuestros ahorros, la financiación de nuestras empresas y mil cosas más. Mas nos dirá que la vida sigue igual. Pero nos mentirá. Lo que pueda venir después de una separación no depende de sus fantasías. No se ve por qué quienes tanto nos malquieren, tras un desgarro de tal magnitud, van a estar deseando amistar en una confederación. El cuento de que todo seguirá como si tal cosa es una patraña más de los nacionalistas. Por ejemplo, cuando les preguntan por la Unión Europea. En esto, al menos, Pujol ha sido sincero. Estaremos fuera.
Esto se ha puesto serio y ya nada va a ser igual. Mas se ha metido en un fangal y si encalla, no puede pretender que, al final, todo sea como antes. Ya no cabe el equilibrismo. Es posible que los nacionalistas intenten una nueva pirueta, pero es cosa de todos —un debate nacional— recordarles que ellos han dibujado un dilema en el que no hay terceras vías ni marcha atrás. Que nadie se engañe, la situación actual no es resultado de ningún agravio, sino de una estrategia de muchos años con la independencia como chantaje latente. Sin tregua, porque, alimentada de su propio éxito, el resultado siempre era el mismo: tan ofendidos como antes y los demás preguntándonos qué habíamos hecho. Una meditada ingeniería social consentida por todos ha permitido levantar una sociedad de ficción. Así ha sido posible que aceptáramos delirios como que los catalanes no puedan escolarizarse (también) en su lengua mayoritaria y común. Ahora Mas ha dado por terminado el juego. Bien, le tomamos la palabra. A las elecciones sin ambigüedades. A sabiendas, eso sí, de que al día siguiente nada volverá a ser igual. Entre todos discutiremos esto y discutiremos todo. Desde el principio.

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Fuente: http://elpais.com/elpais/2012/09/19/opinion/1348068253_310268.html

9 nov 2012


La peluca telefónica del 8N: "no le debo nada a EnTel, me cuido la nariz". 

 "Si bien valores universalistas y abstractos como la defensa del  estado de derecho y de la democracia motivaron a muchos a protestar,  durante estos episodios se evidenció el clasismo y a veces el racismo de quienes utilizan valores como la democracia para descalificar y silenciar a quienes fueron construidos como carentes de racionalidad. Siguiendo con una larga trayectoria en la cual se construye a los seguidores populistas como masas ignorantes, desorganizadas y peligrosas, y a sus líderes como exponentes de todo lo negativo de la democracia, durante estas protestas se conformaron oposiciones binarias que legitimaron como ciudadanos a unos, diferenciándolos de los acarreados  y pagados por el gobierno. Esta estrategia discursiva articulada por los medios de comunicación y por los comentarios de ciudadanos que se dieron a través de la línea abierta de Radio la luna diferenció a los ciudadanos de los acarreados; a quienes se movilizaron por valores de quienes lo hacen por la paga; a los habitantes de Quito, que supuestamente encarnan valores y formas de ser cultas, de las hordas invasoras de provincianos; a los quiteños de los “monos” (costeños) y de los “jíbaros” amazónicos".

"Las clases media alta y alta también se movilizaron por valores estéticos que abarcan desde cómo debe comportarse un primer mandatario hasta consideraciones sobre el origen social y étnico de los presidentes".

"En las caídas de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez la democracia fue el valor  más importante. Se pueden diferenciar tres visiones de lo que los actores consideraron que es la democracia. la primera, la menos aceptada por  la población pero que circula entre algunos académicos y políticos, es la visión normativa de la democracia liberal y el estado de derecho. La segunda, muy extendida entre los protagonistas del 21 de enero y articulada por algunos sectores en las caídas de Bucaram y Gutiérrez, es la visión marxista de la democracia, entendida como un sistema económico y social y como una forma de mandato político directo que no necesita de la mediación de representantes. la tercera visión es la democracia como una forma de participación en la que el pueblo ocupa directamente los espacios que simbolizan el poder político y de los cuales se sienten excluidos los de abajo. Esta visión populista de la democracia va acompañada de discursos maniqueos a favor del pueblo en contra de la oligarquía, que es vista como la fuente de todos los males de la nación".

"Otra característica de las defensas a la democracia liberal, también herencia del siglo XIX, es que se basan en un menosprecio a los de abajo. El miedo, la aversión y el asco de las élites hacia sus compatriotas más pobres y menos blancos han ido de la mano con la idea de que la democracia liberal es una empresa civilizadora que educará y modernizará a los de abajo, siempre vistos como no preparados aún para ejercer sus derechos democráticos. Esta ambigüedad entre defender la democracia liberal y temer al “populacho” es una constante en la forma en que las élites políticas han entendido a la democracia". 

Sólo algunos breves y preliminares comentarios al respecto de la marcha de anoche. En un acto de honestidad con la realidad, ya que hoy somos conscientes de que la mediatización de estas movilizaciones puede llevar a severos desacoples, fui a la marcha para ver con mis propios ojos quienes eran, cómo eran, qué pedían y cómo lo hacían. Saque fotos y entreviste a una treintena de personas. Comentarios al respecto:

-          Un punto, a mí entender, clarísimo y muy bueno: hoy con este tipo de protestas, se han legitimado también las protestas de grupos de condición socioeconómica más baja que, uno diría, acostumbramos a ver. Se pregunto, entre otras, “Si usted el día de mañana ve una protesta de personas de condición socioeconómica más baja, le da la misma legitimidad?”. Las respuestas: “Si, claro, son seres humanos como nosotros”; “Si, porqué no”; “Si, pero no les daría plata, se la tienen que ganar”; “Si, pero creo que en esas protestas hay mucha gente paga, cosa que aquí hoy no hay”.

-          Efectivamente, las demandas son de diversa índole y de cuestiones que a todos, incluso a oficialistas, les interesan: inseguridad, inflación, corrupción, etc. En entrevistas todos demandaban estas cosas como base, entre otros comentarios, también “libertad de entrar y salir del país”; “poder estar tranquilos”; etc. En preguntas posteriores sobre cómo deberían solucionarse estas cosas ya las propuestas se desdibujaban mucho y entraban a jugar temas mediáticos como: el ANSES, la irresponsabilidad de no pagar fondos buitres, la soberbia en la política exterior, el cierre a las importaciones, etc.

-          La heterogeneidad de las demandas no refleja las condiciones socioeconómicas de los asistentes. En general se podía percibir asistencia de personas y familias enteras de extracción social media; media-alta; alta.

-          Muchos se han negado a ser encuestados a la voz de “no, no”; “no, es que nos estamos yendo”; “no, en realidad solo pase a ver”. Otros han accedido a ser encuestados pero sin dejarse filmar, y finalmente, algunos han accedido a ambos.

-          La participación política regular de los encuestados no existió, salvo en dos o tres casos (jóvenes militantes del PRO). Se exigía que la democracia no termine sólo en las urnas, sino que sea una actitud constante, pero cuando se preguntaba las maneras de participación que tenían regularmente, en la mayoría de los casos era la primera vez que asistían a una marcha y no/nunca ejercían otro tipo de participación.

-          Las demandas eran dirigidas al sistema político entero, destacando que hoy es específicamente hacia la Presidenta.

-          Existió fuerte participación de actores políticos en la organización de base, repartiendo banderas argentinas, volantes y carteles con mensajes de todo tipo. Entre los participantes se vio muchos funcionarios del PRO, volantes de Proyecto Sur de Pino Solanas, MST de Vilma Ripoll, La Generación de Esteban Bullrich, PROA de los radicales PRO.

Más allá de todo cuestionamiento a las demandas que cualquiera pueda tener, hoy Argentina se moviliza nuevamente, en términos sociales e intelectuales. Ayer fue sólo una parte de ese país, los que Juan Carlos Torre ha llamado “huerfanos de la política de partidos”. La discusión tiene que darse en todos los niveles, hay muchas demandas muy cuestionables y debatibles de todos lados. La clave es discutir la democracia con reglas democráticas, sin pasión irracional, sin violencia, teniendo en cuenta que el fin es uno sólo: construir una Argentina más grande, inclusiva e igual.

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PD: El texto de arriba es de De la Torre sobre el desarrollo democrático en Ecuador. Lo leí y creo que se pueden hacer varios paralelismos con la manera en que entendemos aquí el funcionamiento de la democracia. Todo esto, salvando las grandes diferencias entre Ecuador y Argentina en términos políticos, económicos, sociales, culturales, etc.

22 oct 2012


Debilidad en el poder – Sindicalismo: divididos, la era de la boludez.

Hoy aparece en varios de los diarios online (1) Hugo Moyano, secretario general de la Confederación General del Trabajo reafirmando nuevamente su giro hacia la oposición y, a su vez, un giro ideológico considerable. En estos días, la CGT oficialista con Antonio Caló a la cabeza le dio treinta, a más tardar cuarenta días, al gobierno para tratar la cuestión del impuesto a las ganancias.

La división de la CGT trae a la mente, de la mano de un texto muy sugerente de Sebastián Etchemendy (2001) que trabaja sobre el tema de las coaliciones, la capacidad de demanda/presión que tienen las organizaciones fragmentadas frente a los gobiernos de turno. La diferencias son grandes pero la realidad de la CGT hoy frente al gobierno invita a hacer una somera comparación con la época de las reformas neoliberales impulsadas en el primer gobierno de Menem: frente a gobiernos peronistas (tradicionalmente considerados defensores de los derechos de los trabajadores), que impulsan políticas que rompen con el statu quo en la relación de fuerzas, los líderes quedan en una triple encrucijada: la lealtad partidaria, la lealtad sindical y la carrera política propia. Es así que en medio de los cambios, las posiciones tomadas (siguiendo cada espacio dentro del sindicalismo la lógica que consideren mejor entre estas tres) pueden resquebrajar el aparato sindical.

Incentivos y percepción

Etchemendy, básicamente analiza el proceso de construcción de coaliciones durante el primer gobierno de Carlos Menem, en el cual se impulsaron desde el Poder Ejecutivo Nacional medidas de corte neoliberal tendientes a desprender al Estado Nacional del control de la mayor parte de las actividades que, se consideraba, podían ser asumidas por el sector privado. Su argumento es que el proceso de construcción de coaliciones se logro mediante políticas de reforma orientadas a
  1. Otorgar rentas en los nuevos mercados a sectores empresariales y sindicales, y compensar lo que estos actores pierden en algunas áreas de reforma mediante retribuciones en áreas alternativas de política pública.
  2. Evitar deliberadamente la desregulación masiva y unilateral de algunos sectores, específicamente aquellos en los cuales la reforma perjudicaría a actores poderosos del modelo mercadointernista.

De este trabajo, por cierto muy clarificador, a nosotros nos interesa la parte donde él analiza las reacciones de los sindicatos frente a las reformas en varias áreas de la reforma entre las cuales esta:

  1. La reforma administrativa del Estado (UPCN y ATE)
  2. Desregulación laboral (CGT/UIA)
  3. Reestructuración económica en los sectores del acero (UOM), petróleo (SUPE y FTGP) y automotriz (ADEFA/SMATA).
Lo que resalta el autor es que el gobierno se involucra en complejas negociaciones pre reforma que pueden amenazar la sustentabilidad política del proceso de reforma.

En este caso hacemos hincapié en el análisis que él hace de las respuestas de los sindicatos. Ejemplificador es el caso de la reforma administrativa del Estado: los afectados por la reforma eran UPCN, ATE en el ámbito de la administración pública y, CTERA y UDA, en el caso de la reforma en educación. ATE, antimenemista desde un principio, con menos presencia nacional pero de importancia creciente; CTERA y UDA opuestos a la descentralización sin recursos. En vez de sentarse a negociar con todos, el gobierno formo una alianza con UPCN, “el cual pudo proteger en gran medida a sus miembros del recorte de empleo, e incluso logró mejorar su estructura organizativa” (2). Podría pensarse la situación de la siguiente manera: el gobierno demostró decisión en llevar a cabo la reforma. El sindicato tenía dos opciones: oponerse y formar coalición con sus pares para ejercer presión de manera uniforme o utilizar su fuerza institucional para lograr beneficios de una reforma que, intuitivamente, parecía tener costos altos para todos.

Lo interesante es resaltar como este caso verifica la idea de que la división o la falta de cohesión, sumado a los incentivos consecuencia de la distribución de beneficios operada por el gobierno, terminan alterando una de las funciones claves de los sindicatos: la representación corporativa de los intereses agregados de los trabajadores. Lo corporativo termina desvaneciéndose ante la percepción de que la reforma se llevara a cabo con o sin ellos. Ante ese escenario de “sálvese quien pueda”, la actitud de free rider cobra protagonismo.

Hoy

Vemos una CGT dividida que no parece estar pasando por la situación que se describe arriba: si se han llevado a cabo reformas en los últimos años han sido, en muchos casos, con el beneplácito de la CGT entera (no sindicatos específicos como en los ’90) y también en un marco bastante más favorable a los trabajadores (paritarias, convenios colectivos de trabajo, obras sociales, etc). Visto de esta manera no se entiende la división de la CGT en opositora y oficialista. De hecho, como se ha dicho anteriormente, pareciera ser que las demandas son las mismas. Ejemplo de esto: la rectificación del impuesto a las ganancias.

La historia y su análisis parecen indicar que este, al menos respecto de las negociaciones, es un escenario favorable a la posición del gobierno, quien deberá repartir menos beneficios (en comparación a un escenario de CGT unida) ya que la capacidad de presión es menor. Probablemente se discuta el impuesto a las ganancias en las próximas semanas/meses, pero puede augurarse que el resultado tendera más a la posición del gobierno que al de la CGT ya que la medida afecta a todos los trabajadores y no parece haber razones para pensar que se tomará una medida de la cual el líder camionero pueda sacar rédito político.  Algunos podrán decir que siempre la CGT puede volver a unirse y es razonable pensarlo. El gran dilema hoy es la carrera política a la que se largo Hugo Moyano, quien no da signos de querer volver ya al lugar del típico líder sindical y parece ser, ante el análisis expuesto anteriormente, la lógica que ha elegido para su liderazgo (en contraposición a la lealtad partidaria y lealtad sindical).


Fuentes consultadas
(1)

(2)
ETCHEMENDY, Sebastián (2001) Construir coaliciones reformistas. La política de las compensaciones en el camino argentino hacia la liberalización económica, en Desarrollo Económico,V. 40, N° 160: 675-706.