La peluca telefónica del 8N: "no le debo nada a EnTel, me cuido la nariz".
"Si bien
valores universalistas y abstractos como la defensa del estado de derecho y de la democracia motivaron
a muchos a protestar, durante estos
episodios se evidenció el clasismo y a veces el racismo de quienes utilizan
valores como la democracia para descalificar y silenciar a quienes fueron
construidos como carentes de racionalidad. Siguiendo con una larga trayectoria
en la cual se construye a los seguidores populistas como masas ignorantes, desorganizadas
y peligrosas, y a sus líderes como exponentes de todo lo negativo de la
democracia, durante estas protestas se conformaron oposiciones binarias que
legitimaron como ciudadanos a unos, diferenciándolos de los acarreados y pagados por el gobierno. Esta estrategia
discursiva articulada por los medios de comunicación y por los comentarios de
ciudadanos que se dieron a través de la línea abierta de Radio la luna
diferenció a los ciudadanos de los acarreados; a quienes se movilizaron por
valores de quienes lo hacen por la paga; a los habitantes de Quito, que
supuestamente encarnan valores y formas de ser cultas, de las hordas invasoras de
provincianos; a los quiteños de los “monos” (costeños) y de los “jíbaros”
amazónicos".
"Las clases media alta y alta también se
movilizaron por valores estéticos que abarcan desde cómo debe comportarse un
primer mandatario hasta consideraciones sobre el origen social y étnico de los
presidentes".
"En las caídas de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez la
democracia fue el valor más importante. Se
pueden diferenciar tres visiones de lo que los actores consideraron que es la
democracia. la primera, la menos aceptada por la población pero que circula entre algunos
académicos y políticos, es la visión normativa de la democracia liberal y el
estado de derecho. La segunda, muy extendida entre los protagonistas del 21 de
enero y articulada por algunos sectores en las caídas de Bucaram y Gutiérrez,
es la visión marxista de la democracia, entendida como un sistema económico y
social y como una forma de mandato político directo que no necesita de la
mediación de representantes. la tercera visión es la democracia como una forma
de participación en la que el pueblo ocupa directamente los espacios que
simbolizan el poder político y de los cuales se sienten excluidos los de abajo.
Esta visión populista de la democracia va acompañada de discursos maniqueos a
favor del pueblo en contra de la oligarquía, que es vista como la fuente de
todos los males de la nación".
"Otra característica de las defensas a la
democracia liberal, también herencia del siglo XIX, es que se basan en un
menosprecio a los de abajo. El miedo, la aversión y el asco de las élites hacia
sus compatriotas más pobres y menos blancos han ido de la mano con la idea de
que la democracia liberal es una empresa civilizadora que educará y modernizará
a los de abajo, siempre vistos como no preparados aún para ejercer sus derechos
democráticos. Esta ambigüedad entre defender la democracia liberal y temer al
“populacho” es una constante en la forma en que las élites políticas han
entendido a la democracia".
Sólo algunos breves y preliminares comentarios al respecto de la marcha de
anoche. En un acto de honestidad con la realidad, ya que hoy somos conscientes de que la mediatización de estas movilizaciones puede llevar a severos
desacoples, fui a la marcha para ver con mis propios ojos quienes eran, cómo
eran, qué pedían y cómo lo hacían. Saque fotos y entreviste a una treintena de
personas. Comentarios al respecto:
-
Un punto, a mí
entender, clarísimo y muy bueno: hoy con este tipo de protestas, se han
legitimado también las protestas de grupos de condición socioeconómica más baja
que, uno diría, acostumbramos a ver. Se pregunto, entre otras, “Si usted el día
de mañana ve una protesta de personas de condición socioeconómica más baja, le
da la misma legitimidad?”. Las respuestas: “Si, claro, son seres humanos como
nosotros”; “Si, porqué no”; “Si, pero no les daría plata, se la tienen que
ganar”; “Si, pero creo que en esas protestas hay mucha gente paga, cosa que
aquí hoy no hay”.
-
Efectivamente, las
demandas son de diversa índole y de cuestiones que a todos, incluso a
oficialistas, les interesan: inseguridad, inflación, corrupción, etc. En
entrevistas todos demandaban estas cosas como base, entre otros comentarios,
también “libertad de entrar y salir del país”; “poder estar tranquilos”; etc.
En preguntas posteriores sobre cómo deberían solucionarse estas cosas ya las
propuestas se desdibujaban mucho y entraban a jugar temas mediáticos como: el
ANSES, la irresponsabilidad de no pagar fondos buitres, la soberbia en la
política exterior, el cierre a las importaciones, etc.
-
La heterogeneidad
de las demandas no refleja las condiciones socioeconómicas de los asistentes.
En general se podía percibir asistencia de personas y familias enteras de
extracción social media; media-alta; alta.
-
Muchos se han
negado a ser encuestados a la voz de “no, no”; “no, es que nos estamos yendo”;
“no, en realidad solo pase a ver”. Otros han accedido a ser encuestados pero
sin dejarse filmar, y finalmente, algunos han accedido a ambos.
-
La participación
política regular de los encuestados no existió, salvo en dos o tres casos
(jóvenes militantes del PRO). Se exigía que la democracia no termine sólo en
las urnas, sino que sea una actitud constante, pero cuando se preguntaba las
maneras de participación que tenían regularmente, en la mayoría de los casos
era la primera vez que asistían a una marcha y no/nunca ejercían otro tipo de
participación.
-
Las demandas eran
dirigidas al sistema político entero, destacando que hoy es específicamente
hacia la Presidenta.
-
Existió fuerte
participación de actores políticos en la organización de base, repartiendo
banderas argentinas, volantes y carteles con mensajes de todo tipo. Entre los
participantes se vio muchos funcionarios del PRO, volantes de Proyecto Sur de
Pino Solanas, MST de Vilma Ripoll, La Generación de Esteban Bullrich, PROA de
los radicales PRO.
Más allá de todo cuestionamiento a las demandas que
cualquiera pueda tener, hoy Argentina se moviliza nuevamente, en términos
sociales e intelectuales. Ayer fue sólo una parte de ese país, los que Juan Carlos
Torre ha llamado “huerfanos de la política de partidos”. La discusión tiene que
darse en todos los niveles, hay muchas demandas muy cuestionables y debatibles
de todos lados. La clave es discutir la
democracia con reglas democráticas, sin pasión irracional, sin violencia,
teniendo en cuenta que el fin es uno sólo: construir una Argentina más grande,
inclusiva e igual.
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PD: El texto de arriba es de De la Torre sobre el desarrollo democrático
en Ecuador. Lo leí y creo que se pueden hacer varios paralelismos con la manera
en que entendemos aquí el funcionamiento de la democracia. Todo esto, salvando
las grandes diferencias entre Ecuador y Argentina en términos políticos, económicos,
sociales, culturales, etc.
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