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8 jul 2014

La discusión del Gobierno ya pasó del terreno de las conquistas reales a las lingüísticas.

El discurso de la administración actual ha sido coherente a lo largo de estos años en al menos un aspecto: el patrón de análisis de la realidad siempre ha sido en términos relativos. Durante todos estos años han hecho propio el recurso de la comparación para justificar cualquier enunciado. Las comparaciones han sido múltiples: temporales, como “en 2003 encontramos un país así y hoy está así” o “durante los años ’90, en el auge del neoliberalismo, las cosas eran así y hoy son así” y otra muy utilizada: la que compara la actualidad con la nefasta época de la dictadura. Pero no sólo han sido temporales sino espaciales: en esta parte del mundo las cosas son así y en esta así. En la época donde se impuso, más que nunca, la rebelde moda de poner los mapas al revés cuestionando los puntos cardinales N-S, el gobierno argentino no sólo cuestionó esos puntos cardinales sino también los dos restantes, sugiriendo en repetidas oportunidades la injusticia del mundo actual, especialmente, para con nuestro país y continente. Recordando constantemente que Argentina se mantenía en pie en un mundo (Europa y Estados Unidos) que se cae a pedazos. “En esta punta del mundo hacemos las cosas así, allá las hacían de aquella manera y miren como terminaron”.

Y claro, es que la realidad es, en sí misma, una rebelde, ya que se resiste a ser contenida y limitada en un grupo de palabras y gestos. Por esta razón, lo que se exprese verbalmente, siempre es parcial y no neutral. Especialmente cuando está expresado por alguien con cierto nivel de jerarquía en términos de poder. Más que nunca es, en este caso particular, cuando la comparación se vuelve bastante engañosa. Pero sacando un poco de ventaja sobre las asimetrías de información en que está inmersa la sociedad de masas, a pesar de estar híper conectada e híper informada, es un recurso tremendamente eficiente.

Ésta es sólo una de las razones por las que, durante muchos años, este recurso discursivo estuvo al servicio de la política gubernamental. Si se lo compara con 2003, el PBI argentino aproximadamente un 90% (2011), la pobreza se redujo considerablemente (o al menos cambio en su composición) y el desempleo se ubicó en un nivel relativamente bajo. A la luz de la comparación con el pasado se explicaban, en alguna medida, las miserias y errores del presente y, simultáneamente, se evitaba pensar en lo que venía.

Ahora bien, ¿será que el uso y abuso del recurso de la comparación a lo largo de los años lo llevó a perder efectividad en su pretensión de ensalzar la realidad actual en contraposición a la pasada? ¿O será que la realidad actual se está llevando puesto a cualquier intento discursivo por justificarla que no sea una explicación de las razones por las que, una vez más, estamos sufriendo como sufrimos en aquellos años contra los que supimos compararnos durante toda la década?

Lo que parece más claro es que hoy los indicadores sociales y económicos están desbordando más que nunca al discurso y sólo hay malas noticias. En los últimos tres años, el déficit se disparó y está llegando casi a 5 puntos del PBI, la deuda externa creció, la inflación aumentó, el PBI cayó y la construcción, la industria y la venta de autos vienen en caída libre y parecen no encontrar el suelo. El desempleo vuelve a la agenda, el déficit energético explica, en parte, la extrema sangría de dólares que sufre Argentina que tan sólo hace tres años tenía 55 mil millones de dólares y hoy lucha, no sin tropiezos, por no bajar de los 28. De la pobreza no sabemos porque ya no se publican los índices. Ganamos una década.

A todo esto, el gobierno, no sin pocos apoyos, sigue superándose en su capacidad de poner, para bien o para mal, el lenguaje, las reglas de la economía y la política  nacional e internacional y otras cosas más, a su servicio. Hace “ajustes expansivos”. Busca un “endeudamiento heterodoxo”. Y hoy, está librando una verdadera lucha contra el mundo, digna de un adolescente enojado. Las bases sobre las que se sustenta la economía y la política internacional del nuevo siglo son completamente erróneas e injustas. La diplomacia con la que se intenta cambiarla (tarde) es la del portazo, el pataleo y la puteada (desde lejos).    

Entendemos entonces que todo el que no concuerda con la estrategia que está desarrollando el gobierno en este antiguo problema que hoy amenaza con ahorcar a la economía por varios años sea acusado de “buitre”. Aquí entran los ciudadanos que critican, los grandes medios de comunicación, la señora del barrio y otros. Todos conspiran y son agentes de Griesa. Estuvieron agazapados todos estos años, y quieren lo peor para el país, sobre todo porque las consecuencias de una asfixia económica producida por la solución errónea del problema no son conocidas para todos.

Es que no queda más que el terreno de la dialéctica, donde el gobierno sigue defendiéndose a capa y espada. De los tribunales de aquí, de los de EEUU, de los del Banco Mundial.

Mientras tanto, Argentina sigue como fiel contribuyente a la ciencia universal. Sale de todo pronóstico científico realizado hasta el momento y se posiciona como un caso anómalo que constantemente está midiendo el temple de las leyes y teorías de los paradigmas modernos de pensamiento. Con nuestra historia empujamos constantemente a la ciencia a su etapa revolucionaria, es decir, nadie tiene herramientas para explicar porqué a Argentina le va como le va. Tampoco el gobierno. 

10 ene 2012

Un poco de economía

                               

                                 



       El gráfico representa la evolución del PBI en miles de millones de pesos tomando como año base 1993 (1993=100). Es claro que esta es una representación gráfica fría que no resume la complejidad de una economía y explica sólo una parte de la evolución de esta. A pesar de esto, es interesante ver esta representación para tomar conciencia de la magnitud de lo sucedido a lo largo del último trimestre del 2001 y el primero del 2002 y a su vez compararlo con lo sucedido en el 2008 y 2009 y su impacto en Argentina. La naturaleza de ambas crisis es claramente distinta: la primera es de índole interno, por falencias macroeconómicas propias; la segunda es de índole externo y encontró al país con otras capacidades de afrontarla.

      Para el año 1993, año base, la media anual es de 228,8 mil millones de pesos. Este número continua creciendo con algunas variaciones hasta el tercer trimestre de 1998 ($291,8 mil millones) en el cual la economía argentina, azotada por las crisis mexicana algunos años antes y rusa un año antes, comienza a decaer. El colapso del 2001, lleva al PBI a una media anual de $233,8 mil millones. En el período de convertibilidad, hasta 1998, la economía argentina creció un 27,5%. Si tomamos el crecimiento promedio general, es decir 1993 en relación con 2002, la variación general es de un 2,2%.

     Luego de la debacle económica de 2002, la cual lleva por la fuerza a establecer cuál es la verdadera capacidad y estructura de la economía argentina, se abandona la convertibilidad. El peso asume su capacidad real frente al dólar. A grandes rasgos, la economía argentina vuelve a ser competitiva y comienza su nueva etapa de crecimiento.

¿Cuánto se puede esperar de la idea de “boom económico”?

      Argentina volvió a recuperar su nivel de PBI de 1998 recién en el último tercio de 2004  y el primero de 2005. Tomando como punto de partida el mínimo alcanzado en el tercer trimestre de 2002, en 2011 el PBI llego a estar en un 93% por encima. (http://www.mecon.gov.ar/basehome/pdf/indicadores.pdf)

    La composición del crecimiento económico es de distinta naturaleza si comparamos el régimen económico de los noventa con el vigente hoy en día. Durante los noventa el sector financiero tuvo gran importancia, los organismos internacionales y los préstamos eran uno de los pilares de la economía, la tarea del Estado pasó a ser exclusivamente la generación de condiciones propicias para el fortalecimiento del mercado, el rol del BCRA era el control de la inflación, etc. Durante esta época, el 20% de la población de ingresos más altos casi duplicó su capacidad de apropiación de la riqueza respecto del 20% más pobre. 


      Miramos la economía de esta década y comprobamos que como pilar fundamental está el sector interno: el estímulo al consumo interno (ya sea por medio de subsidio a todo, micro créditos para financiar consumo corriente, etc.) Otro pilar fundamental es el mantenimiento de una balanza de pagos equilibrada en términos comerciales y, porqué no, que resulte en superávit. Dado que en 2002 pasamos de ser “los mejores alumnos” a los parias de la región ante los organismos internacionales por declararnos incapaces de asumir nuestras responsabilidades económicas, no dispusimos más de la ayuda económica exterior. El mercado de préstamos internacionales no quiso apostar más a este país. Nosotros tampoco quisimos apostar más a ellos, por lo cual intentamos desvincularnos, no sólo no colocando más deudas sino también solventando la presión que las anteriores responsabilidades tenían sobre nuestra economía.

       La relación deuda – PBI hoy se encuentra en un 47,1%, satisfactoria si pensamos en el ratio de PBI que poseen los deudores más abultados del mundo como Estados Unidos, Gran Bretaña, España, Grecia, Irlanda, etc. Ni siquiera debemos irnos lejos, o compararnos con economías tan grandes como esas, para tener dimensión de esto: Argentina en 2002 tenía una relación deuda – PBI del 150,9%.

       No hace falta más que mirar el gráfico para comparar, luego de tener en cuenta los puntos enumerados anteriormente, cómo se encuentra Argentina hoy. La crisis rusa de 1998 nos impacto generando la desaceleración de la economía y su retracción. La crisis mundial de 2008 impacto sobre nuestra economía frenando el crecimiento durante el último trimestre de ese año y el primero del siguiente. Luego seguimos creciendo a las tasas de los últimos años.

No todo es color de rosa.
     Inclusive cuando pudimos sortear de manera idónea el golpe del 2008, hay muchas cuestiones a resolver y tener en cuenta. En lo que respecta al sector interno, heredamos una estructura económica concentrada en muy pocas empresas a lo largo de los distintos rubros. Por otro lado, debemos seguir diversificando nuestra matriz productiva. En lo que respecta al sector externo, debemos continuar asociados comercialmente a países con potencial de crecimiento alto pero no atarnos a ellos ya que no está en nuestras manos controlar lo que les pueda suceder, por lo cual si estamos atados sufrimos la incertidumbre de la imprevisibilidad. La discusión hoy esta en si debemos aprovechar para tomar deuda en los mercados internacionales, tomando ventaja de las tasas de interés existentes.

Adjunto, respecto de esta cuestión, una discusión interesante publicada en Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-181836-2011-11-23.html) el día 23/11/2011.

     La intención de esta publicación es generar una reflexión. No he sido exhaustivo y seguramente haya contra argumentos: es un tema que se debate en el día a día e incluso los números publicados pueden tener observaciones interesantes. A pesar de esto, con incentivo de las discusiones que se generan en el día a día sobre si estamos “aprovechando” bien o no el “viento de cola”, si el gobierno está haciendo las cosas bien o no, es interesante hacer un análisis, aunque sea por encima, para saber qué se puede esperar y qué no de los años de bonanza que hemos vivido.

    Son muchos años los que se van a necesitar para reconstruir una economía que vivió y trabajó de una manera muy particular, bajo la cosmovisión neoliberal, durante por lo menos treinta años. Se han conseguidos logros muy interesantes en materia económica, lo cual impacto de sobre manera en lo social. Para lo que viene resta corregir lo que se ha hecho mal, seguir reconstruyendo la economía y tener en cuenta, por sobre todo, la finalidad de las medidas tomadas: el bienestar general de la sociedad.