El gráfico representa la
evolución del PBI en miles de millones de pesos tomando como año base 1993
(1993=100). Es claro que esta es una representación gráfica fría que no resume
la complejidad de una economía y explica sólo una parte de la evolución de
esta. A pesar de esto, es interesante ver esta representación para tomar
conciencia de la magnitud de lo sucedido a lo largo del último trimestre del
2001 y el primero del 2002 y a su vez compararlo con lo sucedido en el 2008 y
2009 y su impacto en Argentina. La naturaleza de ambas crisis es claramente
distinta: la primera es de índole interno, por falencias macroeconómicas
propias; la segunda es de índole externo y encontró al país con otras
capacidades de afrontarla.
Para el año 1993, año base, la
media anual es de 228,8 mil millones de pesos. Este número continua creciendo
con algunas variaciones hasta el tercer trimestre de 1998 ($291,8 mil millones)
en el cual la economía argentina, azotada por las crisis mexicana algunos años
antes y rusa un año antes, comienza a decaer. El colapso del 2001, lleva al PBI
a una media anual de $233,8 mil millones. En el período de convertibilidad,
hasta 1998, la economía argentina creció un 27,5%. Si tomamos el crecimiento
promedio general, es decir 1993 en relación con 2002, la variación general es
de un 2,2%.
Luego de la debacle económica de
2002, la cual lleva por la fuerza a establecer cuál es la verdadera capacidad y
estructura de la economía argentina, se abandona la convertibilidad. El peso
asume su capacidad real frente al dólar. A grandes rasgos, la economía
argentina vuelve a ser competitiva y comienza su nueva etapa de crecimiento.
¿Cuánto se puede esperar de la idea de “boom económico”?
Argentina volvió a recuperar su
nivel de PBI de 1998 recién en el último tercio de 2004 y el primero de 2005. Tomando como punto de
partida el mínimo alcanzado en el tercer trimestre de 2002, en 2011 el PBI
llego a estar en un 93% por encima. (http://www.mecon.gov.ar/basehome/pdf/indicadores.pdf)
La composición del crecimiento
económico es de distinta naturaleza si comparamos el régimen económico de los
noventa con el vigente hoy en día. Durante los noventa el sector financiero
tuvo gran importancia, los organismos internacionales y los préstamos eran uno
de los pilares de la economía, la tarea del Estado pasó a ser exclusivamente la
generación de condiciones propicias para el fortalecimiento del mercado, el rol
del BCRA era el control de la inflación, etc. Durante esta época, el 20% de la
población de ingresos más altos casi duplicó su capacidad de apropiación de la
riqueza respecto del 20% más pobre.
Miramos la economía de esta
década y comprobamos que como pilar fundamental está el sector interno: el
estímulo al consumo interno (ya sea por medio de subsidio a todo, micro
créditos para financiar consumo corriente, etc.) Otro pilar fundamental es el
mantenimiento de una balanza de pagos equilibrada en términos comerciales y,
porqué no, que resulte en superávit. Dado que en 2002 pasamos de ser “los
mejores alumnos” a los parias de la región ante los organismos internacionales
por declararnos incapaces de asumir nuestras responsabilidades económicas, no
dispusimos más de la ayuda económica exterior. El mercado de préstamos
internacionales no quiso apostar más a este país. Nosotros tampoco quisimos
apostar más a ellos, por lo cual intentamos desvincularnos, no sólo no
colocando más deudas sino también solventando la presión que las anteriores
responsabilidades tenían sobre nuestra economía.
La relación deuda – PBI hoy se
encuentra en un 47,1%, satisfactoria si pensamos en el ratio de PBI que poseen
los deudores más abultados del mundo como Estados Unidos, Gran Bretaña, España,
Grecia, Irlanda, etc. Ni siquiera debemos irnos lejos, o compararnos con
economías tan grandes como esas, para tener dimensión de esto: Argentina en
2002 tenía una relación deuda – PBI del 150,9%.
No hace falta más que mirar el
gráfico para comparar, luego de tener en cuenta los puntos enumerados
anteriormente, cómo se encuentra Argentina hoy. La crisis rusa de 1998 nos
impacto generando la desaceleración de la economía y su retracción. La crisis
mundial de 2008 impacto sobre nuestra economía frenando el crecimiento durante
el último trimestre de ese año y el primero del siguiente. Luego seguimos
creciendo a las tasas de los últimos años.
No todo es color de rosa.
Inclusive cuando pudimos sortear
de manera idónea el golpe del 2008, hay muchas cuestiones a resolver y tener en
cuenta. En lo que respecta al sector interno, heredamos una estructura
económica concentrada en muy pocas empresas a lo largo de los distintos rubros.
Por otro lado, debemos seguir diversificando nuestra matriz productiva. En lo
que respecta al sector externo, debemos continuar asociados comercialmente a
países con potencial de crecimiento alto pero no atarnos a ellos ya que no está
en nuestras manos controlar lo que les pueda suceder, por lo cual si estamos
atados sufrimos la incertidumbre de la imprevisibilidad. La discusión hoy esta
en si debemos aprovechar para tomar deuda en los mercados internacionales,
tomando ventaja de las tasas de interés existentes.
Adjunto, respecto de esta
cuestión, una discusión interesante publicada en Página 12 (http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-181836-2011-11-23.html)
el día 23/11/2011.
La intención de esta publicación
es generar una reflexión. No he sido exhaustivo y seguramente haya contra
argumentos: es un tema que se debate en el día a día e incluso los números
publicados pueden tener observaciones interesantes. A pesar de esto, con
incentivo de las discusiones que se generan en el día a día sobre si estamos
“aprovechando” bien o no el “viento de cola”, si el gobierno está haciendo las
cosas bien o no, es interesante hacer un análisis, aunque sea por encima, para saber qué se puede esperar y qué no de los
años de bonanza que hemos vivido.
Son muchos años los que se van a
necesitar para reconstruir una economía que vivió y trabajó de una manera muy
particular, bajo la cosmovisión neoliberal, durante por lo menos treinta años.
Se han conseguidos logros muy interesantes en materia económica, lo cual
impacto de sobre manera en lo social. Para lo que viene resta corregir lo que
se ha hecho mal, seguir reconstruyendo la economía y tener en cuenta, por sobre
todo, la finalidad de las medidas tomadas: el bienestar general de la sociedad.


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