Discusión,
¿binaria?
En
los últimos días hemos asistido al surgimiento de un nuevo grupo de
intelectuales, esta vez posicionándose como “críticos” al gobierno, llamado
“plataforma 2012” .
De
acuerdo con la información existente hasta el momento, la publicación que han
hecho y los sucesos acaecidos posteriormente, no suena nada promisoria.
Comprendo qué es lo que los unifica, pero al parecer (y también se demostró
pocos días después de la publicación) los costos de mantenimiento de la
asociación intelectual que por estos días experimentan se volverán,
eventualmente, prohibitivos.
A
decir verdad el intelectual, aunque como todos siempre influido por el contexto
en que se mueve, si posee argumentos que considera válidos no debe tener
problema en expresarse en contra de determinada cuestión. No le interesan (o
por lo menos no debería interesarle) los costos simbólicos que conlleva ir en
contra de un gobierno que es el último depositario de la legitimidad
representativa, extendida por el pueblo al momento de votar.
Algún
hecho ha sido el detonante para que se generen las condiciones objetivas para
la agregación de los intereses de estos intelectuales. Esto es evidente, ya que
hasta ahora todos los integrantes del nuevo grupo escribían en contra pero no
se expresaban de manera corporativa.
A
pesar de todo, esto último es un poco contradictorio por varios puntos. Por un
lado, las condiciones objetivas no son tan claras: no conozco cuál fue el hecho
para que, si ayer no se juntaban a realizar críticas, hoy sí se junten para
hacerlas. Ellos no esgrimen ninguna radicalización reciente de los hechos que
enumeran como puntos de crítica consensuada. No interesa tampoco, ya que a
juzgar por lo que sucedió posteriormente (algunos firmantes se retractaron por
la aparición de Sarlo entre los integrantes) esas condiciones eran bastante
vagas. Primó el ego intelectual por sobre las posiciones que teóricamente
defienden. Por otro lado, estos intelectuales esgrimen mantenerse
independientes y concordar sobre algunos puntos generales, pero simultáneamente
se expresan de manera conjunta. Es probable que estas dos cuestiones poco
comprensibles, para los que estamos fuera del grupo, hayan tenido una ponderación
lo suficientemente importante como para que a días de su primera publicación el
grupo comience a sangrar integrantes.
Una
de las intenciones explícitas de este grupo es la superación de “los
esquemas binarios y las políticas de consignas, que lejos de enriquecer el
debate político, público e intelectual, simplifican y reducen sus márgenes a
una cuestión de adscripción pro-K o anti-K”.
Magnífico. Concuerdo
plenamente en que la discusión “pro vs. anti” es de sobremanera una
simplificación de la compleja realidad social, cultural, política y económica
en que vivimos y a lo largo de la historia política argentina ha producido
resultados desastrosos. No tenemos porqué estar de un lado o del otro, sí o sí.
Lo que me hace un poco de
ruido en la cabeza es que el mismo grupo que propone superar esta distribución
bimodal de la discusión se presente, en contraposición con Carta Abierta (grupo
de intelectuales identificados como “afines” al gobierno”), como crítico del
gobierno. Otra vez cayeron en el esquema binario del que quisieron escapar en
un principio ya que se autodefinieron asumiendo un a disposición doble. Esto no
debería darnos miedo, pero lo que sí debería darnos miedo es que no lo acepten
y que cuando los medios de comunicación, luego de perder tiempo y dinero en una
oposición capaz de nada, hambrientos de representar a algún grupo con ideas
“serias”, los identifican como un grupo crítico, no salgan a aclarar su
pretendida naturaleza individual e independiente.
Estas son sólo algunas ideas
surgidas a partir de esta discusión que, a decir verdad, todavía se encuentra
en un estado embrionario pero que debe ser considerada muy interesante. Creo
que, tanto los intelectuales de Carta Abierta como los de Plataforma 2012, deben
respetar la “honestidad intelectual”. Es un concepto bastante discutible, pero
es bueno tenerlo en cuenta ya que ambos grupos presentan, sobre el eje de temas
comunes, posiciones diametralmente distintas. Por esto mismo, hay que tener
cuidado ya que, a pesar de los argumentos que esgrime cada uno, las cuestiones
que tocan son mucho más complejas de lo que parecen y, definitivamente, no son
explicadas de manera exhaustiva mediante estadísticas, comparaciones,
experimentos, o cualquier método que se quiera utilizar. Un claro ejemplo sería
el de la desigualdad. A Plataforma le preocupa la agudización de la
desigualdad, mientras que Carta Abierta se remite no solo al índice GINI sino
también a medidas como la AUH, la estatización de las AFJP, los constantes
aumentos a jubilados, etc.
¿Es posible que lean la
realidad de manera tan distinta? Si, es posible, pero porque la realidad es
compleja y puede abordarse desde distintas perspectivas. No existe una sola
lectura. Estos intelectuales son seres humanos, quienes (como se ha dicho en la
primera publicación) están imbuidos con determinado conocimiento, en
determinada coyuntura, con un bagaje experimental que los condiciona, como a
todos. La clave de la cuestión está en saber cómo abordar la lectura de ideas
de otros.
Volviendo a lo anterior, creo
que para que la discusión sea más fructífera, Plataforma debería asumir una
estructura estable, una posición común y la defensa de ideas claras con
argumentos anclados en lo práctico y no en lo meramente discursivo. Sino, no
hay discusión posible.
Adjunto algunas notas relacionadas,
de distintos diarios.
Y
al, en mi opinión, irresponsable de Oppenheimer hablando de censura. Andrés, ya
escribiste Cuentos Chinos, en vez de escribir cualquier cosa sobre el presente,
sólo por ese libro, definitivamente del pasado, podes escribir para siempre
intentando justificar tu posición. Censura es una palabra fuerte, más que nada
con el pasado que la región tiene.

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