13 ene 2012


Discusión, ¿binaria?


En los últimos días hemos asistido al surgimiento de un nuevo grupo de intelectuales, esta vez posicionándose como “críticos” al gobierno, llamado “plataforma 2012”.

De acuerdo con la información existente hasta el momento, la publicación que han hecho y los sucesos acaecidos posteriormente, no suena nada promisoria. Comprendo qué es lo que los unifica, pero al parecer (y también se demostró pocos días después de la publicación) los costos de mantenimiento de la asociación intelectual que por estos días experimentan se volverán, eventualmente, prohibitivos.

A decir verdad el intelectual, aunque como todos siempre influido por el contexto en que se mueve, si posee argumentos que considera válidos no debe tener problema en expresarse en contra de determinada cuestión. No le interesan (o por lo menos no debería interesarle) los costos simbólicos que conlleva ir en contra de un gobierno que es el último depositario de la legitimidad representativa, extendida por el pueblo al momento de votar.

Algún hecho ha sido el detonante para que se generen las condiciones objetivas para la agregación de los intereses de estos intelectuales. Esto es evidente, ya que hasta ahora todos los integrantes del nuevo grupo escribían en contra pero no se expresaban de manera corporativa.

A pesar de todo, esto último es un poco contradictorio por varios puntos. Por un lado, las condiciones objetivas no son tan claras: no conozco cuál fue el hecho para que, si ayer no se juntaban a realizar críticas, hoy sí se junten para hacerlas. Ellos no esgrimen ninguna radicalización reciente de los hechos que enumeran como puntos de crítica consensuada. No interesa tampoco, ya que a juzgar por lo que sucedió posteriormente (algunos firmantes se retractaron por la aparición de Sarlo entre los integrantes) esas condiciones eran bastante vagas. Primó el ego intelectual por sobre las posiciones que teóricamente defienden. Por otro lado, estos intelectuales esgrimen mantenerse independientes y concordar sobre algunos puntos generales, pero simultáneamente se expresan de manera conjunta. Es probable que estas dos cuestiones poco comprensibles, para los que estamos fuera del grupo, hayan tenido una ponderación lo suficientemente importante como para que a días de su primera publicación el grupo comience a sangrar integrantes.

Una de las intenciones explícitas de este grupo es la superación de “los esquemas binarios y las políticas de consignas, que lejos de enriquecer el debate político, público e intelectual, simplifican y reducen sus márgenes a una cuestión de adscripción pro-K o anti-K”.
Magnífico. Concuerdo plenamente en que la discusión “pro vs. anti” es de sobremanera una simplificación de la compleja realidad social, cultural, política y económica en que vivimos y a lo largo de la historia política argentina ha producido resultados desastrosos. No tenemos porqué estar de un lado o del otro, sí o sí.

Lo que me hace un poco de ruido en la cabeza es que el mismo grupo que propone superar esta distribución bimodal de la discusión se presente, en contraposición con Carta Abierta (grupo de intelectuales identificados como “afines” al gobierno”), como crítico del gobierno. Otra vez cayeron en el esquema binario del que quisieron escapar en un principio ya que se autodefinieron asumiendo un a disposición doble. Esto no debería darnos miedo, pero lo que sí debería darnos miedo es que no lo acepten y que cuando los medios de comunicación, luego de perder tiempo y dinero en una oposición capaz de nada, hambrientos de representar a algún grupo con ideas “serias”, los identifican como un grupo crítico, no salgan a aclarar su pretendida naturaleza individual e independiente.

Estas son sólo algunas ideas surgidas a partir de esta discusión que, a decir verdad, todavía se encuentra en un estado embrionario pero que debe ser considerada muy interesante. Creo que, tanto los intelectuales de Carta Abierta como los de Plataforma 2012, deben respetar la “honestidad intelectual”. Es un concepto bastante discutible, pero es bueno tenerlo en cuenta ya que ambos grupos presentan, sobre el eje de temas comunes, posiciones diametralmente distintas. Por esto mismo, hay que tener cuidado ya que, a pesar de los argumentos que esgrime cada uno, las cuestiones que tocan son mucho más complejas de lo que parecen y, definitivamente, no son explicadas de manera exhaustiva mediante estadísticas, comparaciones, experimentos, o cualquier método que se quiera utilizar. Un claro ejemplo sería el de la desigualdad. A Plataforma le preocupa la agudización de la desigualdad, mientras que Carta Abierta se remite no solo al índice GINI sino también a medidas como la AUH, la estatización de las AFJP, los constantes aumentos a jubilados, etc.

¿Es posible que lean la realidad de manera tan distinta? Si, es posible, pero porque la realidad es compleja y puede abordarse desde distintas perspectivas. No existe una sola lectura. Estos intelectuales son seres humanos, quienes (como se ha dicho en la primera publicación) están imbuidos con determinado conocimiento, en determinada coyuntura, con un bagaje experimental que los condiciona, como a todos. La clave de la cuestión está en saber cómo abordar la lectura de ideas de otros.

Volviendo a lo anterior, creo que para que la discusión sea más fructífera, Plataforma debería asumir una estructura estable, una posición común y la defensa de ideas claras con argumentos anclados en lo práctico y no en lo meramente discursivo. Sino, no hay discusión posible.

Adjunto algunas notas relacionadas, de distintos diarios.

Y al, en mi opinión, irresponsable de Oppenheimer hablando de censura. Andrés, ya escribiste Cuentos Chinos, en vez de escribir cualquier cosa sobre el presente, sólo por ese libro, definitivamente del pasado, podes escribir para siempre intentando justificar tu posición. Censura es una palabra fuerte, más que nada con el pasado que la región tiene.

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