12 ago 2014

El mundo según USA

            El orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial se moldeó a partir de los resultados del conflicto armado. Al menos en Occidente, hasta la caída de la URSS, el liderazgo norteamericano fue la constante. Luego del ’89, se constituyó un escenario unipolar y las instituciones que regían, hasta el momento y principalmente para Occidente, se hicieron extensivas a Oriente. En el contexto de la hegemonía norteamericana, los cimientos de la economía internacional se asentaron sobre dos instituciones de participación multinacional: Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. Los cimientos de la política internacional yacen en la vigencia de los Organismos Internacionales, especialmente las Naciones Unidas y dentro de ella su Consejo de Seguridad.

En estos días, Obama debe estar teniendo problemas para conciliar el sueño. Las responsabilidades de Estados Unidos como garante del orden internacional se expresan con furia en distintos frentes. Por aceptación u omisión de las mismas.
           
En el terreno económico, el surgimiento del nuevo Banco de Financiamiento por parte de los BRICS enciende una luz amarilla sobre de la vigencia de las instituciones financieras internacionales establecidas en el post Bretton Woods, al menos tal como las conocimos hasta hoy. Sobre todo, considerando que el funcionamiento de instituciones no sólo depende de sus características sino también de la confianza de los actores que las utilizan en que esas instituciones son el arreglo posible más eficaz y eficiente para interrelacionarse.

Creer que es signo de la decadencia del hegemón es creer en una verdad revelada. Nada de lo que sucede hoy indica decadencia, sino un período transicional. Fue una expresión de voluntarismo dialéctico extremo afirmar que el capitalismo se estaba terminando durante la crisis de 2008. El capitalismo (supuestamente terminado) redobló la apuesta con más capitalismo: salvó, en distintos países del mundo (siempre con dinero de los contribuyentes), a todo el sistema bancario.

Paréntesis nacional de este fenómeno. Hoy, aunque muchos funcionarios de nuestro gobierno sueñan con la construcción de un banco solidario, asegurar que este banco va a operar en otros términos que los ya existentes es el clásico solipsismo al que nos han acostumbrado: existe si nosotros lo concebimos en nuestra mente. La realidad sólo como un estado mental. La sed genera alucinaciones. La sed de dólares, también. Una suerte de oasis en el desierto capitalista.

Sólo sabemos que no sabemos nada: el banco recién empezará a funcionar en varios años y todavía no se conocen los términos y condiciones bajo los cuales lo hará.  

Volviendo a la esfera internacional, es interesante preguntarnos en qué medida Estados Unidos, con la política de tasas bajas aplicada por el Fed durante los últimos años, ha contribuido a impulsar la valentía económica del grupo de emergentes “estrella”. Multipolarismo económico le queda muy grande a la realidad económica actual. Ahora bien, la política monetaria fuertemente expansiva que desarrollo el Banco Central de los Estados Unidos durante los últimos años inundó de dólares el mundo.

Con el objetivo de apuntalar el consumo interno, por un lado, la Reserva Federal imprimió dólares y, por el otro, bajó las tasas de interés a niveles históricos acelerando la circulación del dinero. La consecuencia: en vez de poner el dinero en los bancos, la gente, los inversores y cualquiera que poseyera dólares prefirió tenerlo en la mano para gastarlo en cuanto pueda.

Gasto en consumo corriente y muchas ganas de usar el dinero, por ejemplo, para dar préstamos a países normalmente considerados riesgosos, a tasas de interés de países seguros y solventes. Bolivia tomó deuda a 4,875% en 2012. Kenya y Jamaica han tomado deuda a tasas levemente más altas, aunque todavía sorprendentemente bajas.

             Esta fiebre de dólares a nivel internacional tuvo un fuerte impacto sobre los países emergentes que, en muchos casos, supieron engrosar sus posiciones en dólares hasta niveles históricos. Este es el caso de Latinoamérica, dejando de lado casos especiales como Argentina y Venezuela, donde los Bancos Centrales se encuentran fortalecidos.

            El atrevimiento de algunos países en lo económico también tiene su expresión en el terreno político. El fenómeno más conocido por estos días es el conflicto de Rusia con Ucrania, que no es más que la materialización de la política exterior regional que el país bicontinental ha desarrollado durante su historia. Lo importante es la frontera con los europeos que en ningún caso debe coincidir con la frontera natural del gigante. Diplomacia blanda ha sido la desarrollada hasta ahora: intervención sutil en la política interna de los países que la rodean, creación de Estados tapón hacia Occidente. Nada distinto de lo que hace la Unión Europea hacia el Oriente. La intervención en Crimea fue en la dirección contraria.

            Y el vacío de respuesta producido a este evento es ciertamente otro llamado de atención. No hay respuesta a este evento. Recién meses después, Estados Unidos se alía con la Unión Europea para imponer algunas sanciones. No tantas, sino los europeos tendrán frío el invierno que viene.

Tampoco hay respuestas al conflicto subyacente entre China y sus vecinos por el espacio marítimo. Si así fuese, Japón no estaría cambiando radicalmente la política militar que ostentó desde la Segunda Guerra Mundial.


Estados Unidos tiene serias dificultades para intervenir en los equilibrios de poder existentes en cada región del mundo. Se multiplican los conflictos en todos los casos. Así también las dudas. Entre tanto, el líder indiscutido de los ’90 pelea para mantener el magro crecimiento económico logrado en los últimos años. Quizas, no poder ocuparse de la política interior y exterior de manera simultánea y coherente sea, muy posiblemente, uno de los principales signos de un liderazgo que, aunque persiste, está en baja. 

8 jul 2014

La discusión del Gobierno ya pasó del terreno de las conquistas reales a las lingüísticas.

El discurso de la administración actual ha sido coherente a lo largo de estos años en al menos un aspecto: el patrón de análisis de la realidad siempre ha sido en términos relativos. Durante todos estos años han hecho propio el recurso de la comparación para justificar cualquier enunciado. Las comparaciones han sido múltiples: temporales, como “en 2003 encontramos un país así y hoy está así” o “durante los años ’90, en el auge del neoliberalismo, las cosas eran así y hoy son así” y otra muy utilizada: la que compara la actualidad con la nefasta época de la dictadura. Pero no sólo han sido temporales sino espaciales: en esta parte del mundo las cosas son así y en esta así. En la época donde se impuso, más que nunca, la rebelde moda de poner los mapas al revés cuestionando los puntos cardinales N-S, el gobierno argentino no sólo cuestionó esos puntos cardinales sino también los dos restantes, sugiriendo en repetidas oportunidades la injusticia del mundo actual, especialmente, para con nuestro país y continente. Recordando constantemente que Argentina se mantenía en pie en un mundo (Europa y Estados Unidos) que se cae a pedazos. “En esta punta del mundo hacemos las cosas así, allá las hacían de aquella manera y miren como terminaron”.

Y claro, es que la realidad es, en sí misma, una rebelde, ya que se resiste a ser contenida y limitada en un grupo de palabras y gestos. Por esta razón, lo que se exprese verbalmente, siempre es parcial y no neutral. Especialmente cuando está expresado por alguien con cierto nivel de jerarquía en términos de poder. Más que nunca es, en este caso particular, cuando la comparación se vuelve bastante engañosa. Pero sacando un poco de ventaja sobre las asimetrías de información en que está inmersa la sociedad de masas, a pesar de estar híper conectada e híper informada, es un recurso tremendamente eficiente.

Ésta es sólo una de las razones por las que, durante muchos años, este recurso discursivo estuvo al servicio de la política gubernamental. Si se lo compara con 2003, el PBI argentino aproximadamente un 90% (2011), la pobreza se redujo considerablemente (o al menos cambio en su composición) y el desempleo se ubicó en un nivel relativamente bajo. A la luz de la comparación con el pasado se explicaban, en alguna medida, las miserias y errores del presente y, simultáneamente, se evitaba pensar en lo que venía.

Ahora bien, ¿será que el uso y abuso del recurso de la comparación a lo largo de los años lo llevó a perder efectividad en su pretensión de ensalzar la realidad actual en contraposición a la pasada? ¿O será que la realidad actual se está llevando puesto a cualquier intento discursivo por justificarla que no sea una explicación de las razones por las que, una vez más, estamos sufriendo como sufrimos en aquellos años contra los que supimos compararnos durante toda la década?

Lo que parece más claro es que hoy los indicadores sociales y económicos están desbordando más que nunca al discurso y sólo hay malas noticias. En los últimos tres años, el déficit se disparó y está llegando casi a 5 puntos del PBI, la deuda externa creció, la inflación aumentó, el PBI cayó y la construcción, la industria y la venta de autos vienen en caída libre y parecen no encontrar el suelo. El desempleo vuelve a la agenda, el déficit energético explica, en parte, la extrema sangría de dólares que sufre Argentina que tan sólo hace tres años tenía 55 mil millones de dólares y hoy lucha, no sin tropiezos, por no bajar de los 28. De la pobreza no sabemos porque ya no se publican los índices. Ganamos una década.

A todo esto, el gobierno, no sin pocos apoyos, sigue superándose en su capacidad de poner, para bien o para mal, el lenguaje, las reglas de la economía y la política  nacional e internacional y otras cosas más, a su servicio. Hace “ajustes expansivos”. Busca un “endeudamiento heterodoxo”. Y hoy, está librando una verdadera lucha contra el mundo, digna de un adolescente enojado. Las bases sobre las que se sustenta la economía y la política internacional del nuevo siglo son completamente erróneas e injustas. La diplomacia con la que se intenta cambiarla (tarde) es la del portazo, el pataleo y la puteada (desde lejos).    

Entendemos entonces que todo el que no concuerda con la estrategia que está desarrollando el gobierno en este antiguo problema que hoy amenaza con ahorcar a la economía por varios años sea acusado de “buitre”. Aquí entran los ciudadanos que critican, los grandes medios de comunicación, la señora del barrio y otros. Todos conspiran y son agentes de Griesa. Estuvieron agazapados todos estos años, y quieren lo peor para el país, sobre todo porque las consecuencias de una asfixia económica producida por la solución errónea del problema no son conocidas para todos.

Es que no queda más que el terreno de la dialéctica, donde el gobierno sigue defendiéndose a capa y espada. De los tribunales de aquí, de los de EEUU, de los del Banco Mundial.

Mientras tanto, Argentina sigue como fiel contribuyente a la ciencia universal. Sale de todo pronóstico científico realizado hasta el momento y se posiciona como un caso anómalo que constantemente está midiendo el temple de las leyes y teorías de los paradigmas modernos de pensamiento. Con nuestra historia empujamos constantemente a la ciencia a su etapa revolucionaria, es decir, nadie tiene herramientas para explicar porqué a Argentina le va como le va. Tampoco el gobierno.