19 nov 2012

Intelectuales que juegan a ser periodistas y periodistas que juegan a ser intelectuales.

Discusión entorno a la figura de Laclau, hoy venerada desde muchos espacios, criticada desde tantos otros, aquí traigo algunas notas en los diarios que intentan poner blanco sobre negro al debate. Creo que la discusión debe dejar de lado connotaciones sobre las personas y enmarcarse estrictamente en el terreno de las ideas para poder generar avance a la ciencia.  

http://www.lavoz.com.ar/opinion/que-es-populismo (Nota disparadora)

http://www.lavoz.com.ar/opinion/laclau-newton-manzanas

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-208129-2012-11-19.html

12 nov 2012

Secession

Con las elecciones en Catalunya (25/11) en puerta, adjunto un artículo de Félix Ovejero, profesor de la UB en España, en el diario El País. 


No me acabo de reponer. Cuando intentaba entender qué había llevado a los sindicatos catalanes a defender un pacto fiscal y unas políticas lingüísticas que quiebran el principio de igualdad entre los ciudadanos, me entero de que asistieron a la manifestación independentista. Pero, en fin, con un poco de esfuerzo, puedo conjeturar alguna explicación, no muy caritativa, puestos a decirlo todo. Eso sí, lo que está fuera de mi entendimiento es el silencio de los sindicatos y de la izquierda en el conjunto de España. Incluso algunos dicen, como en los años de plomo, “algo habremos hecho los españoles para llegar aquí”. En realidad, se deberían preguntar qué es lo que no han hecho, por su dejación, por qué han aceptado sin rechistar tanta retórica trucada, peor que la de la Liga Norte.
Pero ahora, tal como ha dibujado el debate Mas, ya no cabe silbar. La propuesta secesionista no permite la equidistancia, por la misma razón que no hay un punto intermedio sobre el matrimonio homosexual. A favor o en contra. Tampoco cabe la retórica de la reacción, ese empalagoso “la culpa es que no nos quieren”. Si pueden, que fundamenten su propuesta, que no es sencillo, pero que no se justifiquen. Me fascinan las piruetas de quienes, para defender ideas que hace dos días consideraban desvaríos, se explican a sí mismos. Toda su teoría es la de Jeanette: “Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así”. Hacer sociología de uno mismo es negarse la capacidad de juicio. Deshonestidad intelectual.
El debate está abierto y, por supuesto, cabe abordar sus fundamentos. Algunos hemos dedicado libros a ello, pero, si me permiten una recomendación, busquen Secession, un clásico reciente escrito por un filósofo de procedencia marxista, Allen Buchanan. Su tesis es sencilla. El territorio político es un proindiviso, no una sociedad anónima. No es un contrato entre partes. Sevilla es tan mía como de un sevillano. O tan poco. Todo es de todos sin que nada sea de nadie en particular. Se decide en ese espacio jurídico, no se decide ese espacio. Mi propiedad es legítima porque existe previamente ese terreno común. Se vota dentro de las fronteras, no las fronteras. El “derecho” a la separación es, si acaso, derivado, respuesta a una violación sistemática de derechos básicos, como sucede con las colonias. La democracia resulta imposible si una minoría, en desacuerdo con las decisiones, amenaza con “marcharse con lo suyo”. Entonces la democracia rompe su vínculo con las decisiones justas y se convierte en un juego de amenazas. Lo podríamos llamar “el teorema de Marbella”: con una identidad compartida —que da el dinero— a prueba de carbono 14 y un “expolio fiscal” estratosférico, los marbellíes no pueden decidir que “se van con lo suyo”, porque, aunque dueños cada uno de su parcela, Marbella no es suya con independencia de una ley de todos y dentro de la cual cobra sentido hablar de mío y tuyo.
El primer paso es que Mas vaya a las elecciones con la independencia por bandera
Eso sobre los fundamentos, pero ahora estamos en otra cosa, en una respuesta política a la iniciativa del nacionalismo. Quien se cargó el pacto fiscal fue Mas. El pacto fiscal no es una alternativa a la independencia cuando se nos dice que es el camino a la independencia. Si no estamos en lo mismo, no cabe discutir sobre fiscalidad. Y si estamos en lo mismo, entonces, entre todos, como conciudadanos, no como pueblos, nos ocupamos de la justicia distributiva —no de la solidaridad, que no somos una ONG— atendiendo al principio —de la Constitución española, que no de la venezolana— de que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.
Es posible que, como respuesta política, en algún momento, debamos preguntar por la independencia. Una pregunta que por lo dicho, porque Cataluña, como territorio político, no es más mía que de Anasagasti —por mencionar a un manifestante del otro día en Barcelona—, debería hacerse a todos los españoles. De todos modos, quizá, en el orden de las cosas, haya que pasar por una consulta en Cataluña. Sobre eso, poco que añadir a lo escrito aquí mismo por Ruiz Soroa.
Pero ese sería el final de un largo recorrido. El primer paso es que Mas vaya a unas elecciones con la independencia por bandera. Sin subterfugios. Con la palabra exacta: independencia. Su guión es nuevo: sus votantes compraron una negociación y ahora les ofrece un drama. Es algo más que el truco fundante del nacionalismo: un conjunto de individuos (los nacionalistas) sostiene que otro conjunto de individuos (más numeroso) es una nación y que ellos son sus portavoces. Ahora nos dice que esos otros quieren irse de un país. Un mensaje que no admite presentaciones desdramatizadas. Mas nos tiene que contar en detalle cómo va a llegar a la independencia y su precio. Quizá los catalanes comiencen a reparar —los empresarios, ya avisan— que la fuente de sus problemas no es “Madrid”, sino sus dirigentes.
No solo Mas tiene que hablar. No está de más decirlo. Con frecuencia, ante las tesis nacionalistas, buena parte de nuestra clase política no pasa del “no estoy de acuerdo, pero las respeto”. Como si les preguntaran sobre el vegetarianismo. A nadie se le ocurriría responder lo mismo a cuenta del sexismo. Si uno está en contra de algo, lo que hace es combatirlo en buena ley democrática. Tampoco vale, ahora menos que nunca, esa actitud intimidada que lleva a tantos a no opinar sobre lo que pasa en otra parte de España. Personas capaces de manifestarse en contra de remotas injusticias se callan ante el temor de que les digan que “no se metan en nuestras cosas”. Se han de escuchar todas las voces, no ya porque seguimos hablando de redistribución de riqueza entre conciudadanos o de vetos que rompen la igualdad en el mercado de trabajo, sino porque se trata del marco político de todos. Y su ruptura tendrá consecuencias en la vida de todos.
El cuento de que todo seguirá como si tal cosa es una patraña más de los nacionalistas
Pero hay otras razones para que todos hablen. En esas elecciones votaremos los catalanes, pero antes de hacerlo nos importa saber qué estamos decidiendo, qué nos jugamos. Algo que no depende de nosotros. Y Mas no puede contestar a las preguntas importantes, que no son que si ejército o Barça, sino qué pasará con las empresas españolas, los mercados, las pensiones, los funcionarios del Estado, nuestros ahorros, la financiación de nuestras empresas y mil cosas más. Mas nos dirá que la vida sigue igual. Pero nos mentirá. Lo que pueda venir después de una separación no depende de sus fantasías. No se ve por qué quienes tanto nos malquieren, tras un desgarro de tal magnitud, van a estar deseando amistar en una confederación. El cuento de que todo seguirá como si tal cosa es una patraña más de los nacionalistas. Por ejemplo, cuando les preguntan por la Unión Europea. En esto, al menos, Pujol ha sido sincero. Estaremos fuera.
Esto se ha puesto serio y ya nada va a ser igual. Mas se ha metido en un fangal y si encalla, no puede pretender que, al final, todo sea como antes. Ya no cabe el equilibrismo. Es posible que los nacionalistas intenten una nueva pirueta, pero es cosa de todos —un debate nacional— recordarles que ellos han dibujado un dilema en el que no hay terceras vías ni marcha atrás. Que nadie se engañe, la situación actual no es resultado de ningún agravio, sino de una estrategia de muchos años con la independencia como chantaje latente. Sin tregua, porque, alimentada de su propio éxito, el resultado siempre era el mismo: tan ofendidos como antes y los demás preguntándonos qué habíamos hecho. Una meditada ingeniería social consentida por todos ha permitido levantar una sociedad de ficción. Así ha sido posible que aceptáramos delirios como que los catalanes no puedan escolarizarse (también) en su lengua mayoritaria y común. Ahora Mas ha dado por terminado el juego. Bien, le tomamos la palabra. A las elecciones sin ambigüedades. A sabiendas, eso sí, de que al día siguiente nada volverá a ser igual. Entre todos discutiremos esto y discutiremos todo. Desde el principio.

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Fuente: http://elpais.com/elpais/2012/09/19/opinion/1348068253_310268.html

9 nov 2012


La peluca telefónica del 8N: "no le debo nada a EnTel, me cuido la nariz". 

 "Si bien valores universalistas y abstractos como la defensa del  estado de derecho y de la democracia motivaron a muchos a protestar,  durante estos episodios se evidenció el clasismo y a veces el racismo de quienes utilizan valores como la democracia para descalificar y silenciar a quienes fueron construidos como carentes de racionalidad. Siguiendo con una larga trayectoria en la cual se construye a los seguidores populistas como masas ignorantes, desorganizadas y peligrosas, y a sus líderes como exponentes de todo lo negativo de la democracia, durante estas protestas se conformaron oposiciones binarias que legitimaron como ciudadanos a unos, diferenciándolos de los acarreados  y pagados por el gobierno. Esta estrategia discursiva articulada por los medios de comunicación y por los comentarios de ciudadanos que se dieron a través de la línea abierta de Radio la luna diferenció a los ciudadanos de los acarreados; a quienes se movilizaron por valores de quienes lo hacen por la paga; a los habitantes de Quito, que supuestamente encarnan valores y formas de ser cultas, de las hordas invasoras de provincianos; a los quiteños de los “monos” (costeños) y de los “jíbaros” amazónicos".

"Las clases media alta y alta también se movilizaron por valores estéticos que abarcan desde cómo debe comportarse un primer mandatario hasta consideraciones sobre el origen social y étnico de los presidentes".

"En las caídas de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez la democracia fue el valor  más importante. Se pueden diferenciar tres visiones de lo que los actores consideraron que es la democracia. la primera, la menos aceptada por  la población pero que circula entre algunos académicos y políticos, es la visión normativa de la democracia liberal y el estado de derecho. La segunda, muy extendida entre los protagonistas del 21 de enero y articulada por algunos sectores en las caídas de Bucaram y Gutiérrez, es la visión marxista de la democracia, entendida como un sistema económico y social y como una forma de mandato político directo que no necesita de la mediación de representantes. la tercera visión es la democracia como una forma de participación en la que el pueblo ocupa directamente los espacios que simbolizan el poder político y de los cuales se sienten excluidos los de abajo. Esta visión populista de la democracia va acompañada de discursos maniqueos a favor del pueblo en contra de la oligarquía, que es vista como la fuente de todos los males de la nación".

"Otra característica de las defensas a la democracia liberal, también herencia del siglo XIX, es que se basan en un menosprecio a los de abajo. El miedo, la aversión y el asco de las élites hacia sus compatriotas más pobres y menos blancos han ido de la mano con la idea de que la democracia liberal es una empresa civilizadora que educará y modernizará a los de abajo, siempre vistos como no preparados aún para ejercer sus derechos democráticos. Esta ambigüedad entre defender la democracia liberal y temer al “populacho” es una constante en la forma en que las élites políticas han entendido a la democracia". 

Sólo algunos breves y preliminares comentarios al respecto de la marcha de anoche. En un acto de honestidad con la realidad, ya que hoy somos conscientes de que la mediatización de estas movilizaciones puede llevar a severos desacoples, fui a la marcha para ver con mis propios ojos quienes eran, cómo eran, qué pedían y cómo lo hacían. Saque fotos y entreviste a una treintena de personas. Comentarios al respecto:

-          Un punto, a mí entender, clarísimo y muy bueno: hoy con este tipo de protestas, se han legitimado también las protestas de grupos de condición socioeconómica más baja que, uno diría, acostumbramos a ver. Se pregunto, entre otras, “Si usted el día de mañana ve una protesta de personas de condición socioeconómica más baja, le da la misma legitimidad?”. Las respuestas: “Si, claro, son seres humanos como nosotros”; “Si, porqué no”; “Si, pero no les daría plata, se la tienen que ganar”; “Si, pero creo que en esas protestas hay mucha gente paga, cosa que aquí hoy no hay”.

-          Efectivamente, las demandas son de diversa índole y de cuestiones que a todos, incluso a oficialistas, les interesan: inseguridad, inflación, corrupción, etc. En entrevistas todos demandaban estas cosas como base, entre otros comentarios, también “libertad de entrar y salir del país”; “poder estar tranquilos”; etc. En preguntas posteriores sobre cómo deberían solucionarse estas cosas ya las propuestas se desdibujaban mucho y entraban a jugar temas mediáticos como: el ANSES, la irresponsabilidad de no pagar fondos buitres, la soberbia en la política exterior, el cierre a las importaciones, etc.

-          La heterogeneidad de las demandas no refleja las condiciones socioeconómicas de los asistentes. En general se podía percibir asistencia de personas y familias enteras de extracción social media; media-alta; alta.

-          Muchos se han negado a ser encuestados a la voz de “no, no”; “no, es que nos estamos yendo”; “no, en realidad solo pase a ver”. Otros han accedido a ser encuestados pero sin dejarse filmar, y finalmente, algunos han accedido a ambos.

-          La participación política regular de los encuestados no existió, salvo en dos o tres casos (jóvenes militantes del PRO). Se exigía que la democracia no termine sólo en las urnas, sino que sea una actitud constante, pero cuando se preguntaba las maneras de participación que tenían regularmente, en la mayoría de los casos era la primera vez que asistían a una marcha y no/nunca ejercían otro tipo de participación.

-          Las demandas eran dirigidas al sistema político entero, destacando que hoy es específicamente hacia la Presidenta.

-          Existió fuerte participación de actores políticos en la organización de base, repartiendo banderas argentinas, volantes y carteles con mensajes de todo tipo. Entre los participantes se vio muchos funcionarios del PRO, volantes de Proyecto Sur de Pino Solanas, MST de Vilma Ripoll, La Generación de Esteban Bullrich, PROA de los radicales PRO.

Más allá de todo cuestionamiento a las demandas que cualquiera pueda tener, hoy Argentina se moviliza nuevamente, en términos sociales e intelectuales. Ayer fue sólo una parte de ese país, los que Juan Carlos Torre ha llamado “huerfanos de la política de partidos”. La discusión tiene que darse en todos los niveles, hay muchas demandas muy cuestionables y debatibles de todos lados. La clave es discutir la democracia con reglas democráticas, sin pasión irracional, sin violencia, teniendo en cuenta que el fin es uno sólo: construir una Argentina más grande, inclusiva e igual.

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PD: El texto de arriba es de De la Torre sobre el desarrollo democrático en Ecuador. Lo leí y creo que se pueden hacer varios paralelismos con la manera en que entendemos aquí el funcionamiento de la democracia. Todo esto, salvando las grandes diferencias entre Ecuador y Argentina en términos políticos, económicos, sociales, culturales, etc.