26 oct 2015

Pequeñas delicias de la vida democrática argentina

        El peronismo ha asistido en clave vegetativa al avance parasitario del llamado, hasta hoy, kirchnerismo. Ahora sufre la terrible pérdida de un bastión electoral clave ante una chica de barrio. Faltando todavía algunas semanas para saber quién será el próximo presidente argentino, la certeza de cambios en el paisaje partidario viene acompañada de incógnitas en varios frentes.

        En principio, hacia adentro del peronismo. La precipitación temprana del pretendido frente revolucionario camporista arrastró consigo a pesos pesados del conurbano que no conocían hasta hoy cómo se veía la espalda del electorado. Mucho se había hablado del ancla que representaba Aníbal Fernández, pero no se preveía semejante derrota a manos de la que hace poco era una simple voluntariosa y hoy es estrella del Pro. Aníbal Fernández no sólo frenó a Scioli, sino que le dio suficientes razones al electorado de históricos distritos peronistas para arriesgarse a la incertidumbre de votar candidatos que hicieron campañas de sonrisas e invitaciones al amor y al cambio. Los resultados en Lanús, Pilar y Tres de Febrero, entre otros, también son una novedad toda vez que en esos distritos el recambio democrático no se conocía sino por el recuerdo de la primavera del 83.

         Las dudas hacia adentro del peronismo florecen, incluso en el frío de la derrota, ante un vacío cargado de líderes irreales. CFK, nunca líder del peronismo sino poderosa de bolsillo entre personajes de fácil obsecuencia, no cultivó la organicidad cuando tenía poder, menos lo hará ahora que carece de él. El (no) surgimiento de Scioli como próximo líder parece como mínimo imposible con una performance electoral tan pobre. ¿Alguno de los gobernadores de provincias “feudales” donde se cosecha, al menos, el 70% de los votos y hay elección indefinida, podría alinearse detrás de un perdedor? Parece difícil. No es que su propensión a la estrategia farandulesca lo haga difícil de digerir, sino que lo que queda del partido no acepta debilidad de poder. No está en su ADN.

         Aquí es donde entra en escena alguien que para el electorado parece haber quedado de lado pero, por estas horas, es más protagonista que nunca. El tercero en cuestión, Massa, demostró ser lo suficientemente cabeza dura como para seguir en carrera hasta el final en una elección de la que pareció caerse varias veces. Lamentablemente para sus aspiraciones, los errores del comienzo y su estatura de simple intendente fueron variables que lo condicionaron. Sin embargo, tiene razones para pensar en un futuro promisorio dada la coyuntura electoral y la pobreza de liderazgo peronista. Más que nunca, el peronismo necesita purgarse y quien mejor que él, conocedor de la patología desde adentro, para operar la renovación.

        Hoy, a sólo unas horas de los resultados finales, parece plausible pensar en una victoria de Macri. Sin embargo, el Pro enfrenta serios desafíos que difieren en caso de derrota o victoria del líder. En caso de victoria, como es ya tradición en el país, quedan varias bombas por desactivar, sobre todo en el frente económico. Pero el Pro tendrá sus propios nudos políticos que desarmar cuando llegue el momento de ocupar todos los cargos que quedarán vacantes por el cambio de gobierno. La política coalicional no es gratuita, se paga. La endogamia del partido macrista entrará en tensión con esta necesidad y, especialmente, demanda, por parte del ala radical que apoyó la epopeya de la felicidad. Cuando se acabe la campaña del amor, vendrá la cruda gestión del poder que no está estructurada por ley. El Pro, cuenta además con el peso de la inestabilidad no peronista cada vez que se conquista la presidencia.

       Otros problemas surgen en caso de derrota. ¿Cómo hará Macri para retener su liderazgo partidario en caso de derrota ante Rodriguez Larreta y Vidal? Ante el precipicio del fracaso, cobrarán mayor valor las victorias de aquellos y, posiblemente, surjan el Vidalismo y el Rodriguez Larretismo en la política argentina. No será difícil que estos construyan su propio aparato, después de todo así fue como su jefe político ha crecido. Románticos como Goethe, serán aprendices de brujo que pondrán a trabajar sus escobas hasta darles vida propia.


       Con todo, hoy Argentina se debate entre la profundidad del ajuste que operará cada uno de los posibles presidentes. Queda por verse cuántas razones le dará el electorado a cada uno para hacerlo.