El peronismo ha
asistido en clave vegetativa al avance parasitario del llamado, hasta hoy,
kirchnerismo. Ahora sufre la terrible pérdida de un bastión electoral clave
ante una chica de barrio. Faltando todavía algunas semanas para saber quién
será el próximo presidente argentino, la certeza de cambios en el paisaje
partidario viene acompañada de incógnitas en varios frentes.
En principio, hacia
adentro del peronismo. La precipitación temprana del pretendido frente
revolucionario camporista arrastró consigo a pesos pesados del conurbano que no
conocían hasta hoy cómo se veía la espalda del electorado. Mucho se había
hablado del ancla que representaba Aníbal Fernández, pero no se preveía
semejante derrota a manos de la que hace poco era una simple voluntariosa y hoy
es estrella del Pro. Aníbal Fernández no sólo frenó a Scioli, sino que le dio suficientes
razones al electorado de históricos distritos peronistas para arriesgarse a la
incertidumbre de votar candidatos que hicieron campañas de sonrisas e
invitaciones al amor y al cambio. Los resultados en Lanús, Pilar y Tres de
Febrero, entre otros, también son una novedad toda vez que en esos distritos el
recambio democrático no se conocía sino por el recuerdo de la primavera del 83.
Las dudas hacia adentro
del peronismo florecen, incluso en el frío de la derrota, ante un vacío cargado
de líderes irreales. CFK, nunca líder del peronismo sino poderosa de bolsillo
entre personajes de fácil obsecuencia, no cultivó la organicidad cuando tenía
poder, menos lo hará ahora que carece de él. El (no) surgimiento de Scioli como
próximo líder parece como mínimo imposible con una performance electoral tan
pobre. ¿Alguno de los gobernadores de provincias “feudales” donde se cosecha,
al menos, el 70% de los votos y hay elección indefinida, podría alinearse
detrás de un perdedor? Parece difícil. No es que su propensión a la estrategia
farandulesca lo haga difícil de digerir, sino que lo que queda del partido no
acepta debilidad de poder. No está en su ADN.
Aquí es donde entra
en escena alguien que para el electorado parece haber quedado de lado pero, por
estas horas, es más protagonista que nunca. El tercero en cuestión, Massa,
demostró ser lo suficientemente cabeza dura como para seguir en carrera hasta
el final en una elección de la que pareció caerse varias veces. Lamentablemente
para sus aspiraciones, los errores del comienzo y su estatura de simple
intendente fueron variables que lo condicionaron. Sin embargo, tiene razones
para pensar en un futuro promisorio dada la coyuntura electoral y la pobreza de
liderazgo peronista. Más que nunca, el peronismo necesita purgarse y quien
mejor que él, conocedor de la patología desde adentro, para operar la
renovación.
Hoy, a sólo unas
horas de los resultados finales, parece plausible pensar en una victoria de Macri.
Sin embargo, el Pro enfrenta serios desafíos que difieren en caso de derrota o
victoria del líder. En caso de victoria, como es ya tradición en el país,
quedan varias bombas por desactivar, sobre todo en el frente económico. Pero el
Pro tendrá sus propios nudos políticos que desarmar cuando llegue el momento de
ocupar todos los cargos que quedarán vacantes por el cambio de gobierno. La
política coalicional no es gratuita, se paga. La endogamia del partido macrista
entrará en tensión con esta necesidad y, especialmente, demanda, por parte del
ala radical que apoyó la epopeya de la felicidad. Cuando se acabe la campaña
del amor, vendrá la cruda gestión del poder que no está estructurada por ley.
El Pro, cuenta además con el peso de la inestabilidad no peronista cada vez que
se conquista la presidencia.
Otros problemas
surgen en caso de derrota. ¿Cómo hará Macri para retener su liderazgo
partidario en caso de derrota ante Rodriguez Larreta y Vidal? Ante el
precipicio del fracaso, cobrarán mayor valor las victorias de aquellos y,
posiblemente, surjan el Vidalismo y el Rodriguez Larretismo en la política
argentina. No será difícil que estos construyan su propio aparato, después de
todo así fue como su jefe político ha crecido. Románticos como Goethe, serán aprendices
de brujo que pondrán a trabajar sus escobas hasta darles vida propia.
Con todo, hoy
Argentina se debate entre la profundidad del ajuste que operará cada uno de los
posibles presidentes. Queda por verse cuántas razones le dará el electorado a
cada uno para hacerlo.