5 jun 2015

La paradoja de la dependencia argentina


¿Es la ruptura de lazos con los principales jugadores del tablero internacional una estrategia consecuente con el objetivo de aumentar los grados de libertad de un país? Mejor dicho, ¿cuánto aumenta el margen de maniobra de un país determinado al querer mostrarse independiente en su interacción con otros Estados?

Des/Inteligencia

Cada país, en función del lugar que ocupa a nivel internacional y regional, es más o menos dependiente. Esa dependencia podría definirse de la siguiente manera: el grado de disponibilidad de recursos políticos y económicos existentes para el país en una coyuntura internacional particular a los fines de lograr, de la mejor manera posible, la consecución de los intereses nacionales. Decir “de la mejor manera posible” es esencial ya que cada parte se conducirá de la manera más eficiente posible, es decir, lograr más con menos. Asimismo, para presentar un escenario simplificado podemos decir que el desempeño de un país en la arena política y económica internacional, especialmente conectadas entre sí, se juega a través de sucesivas partidas de dos o más contendientes que podrán avanzar desde un punto de partida en el cual se conozcan en mayor o menor medida entre ellos, pero siempre en el curso de los acontecimientos las estrategias serán variables y se ajustarán mutuamente. Existen casos de mayor afinidad política entre los países por múltiples razones como historia, intereses geopolíticos, cercanía, etc. Sin embargo, cabe resaltar la afinidad que se da en función de la repetición de esas interacciones que indefectiblemente brindan información a cada uno de esos contendientes, lo cual se traduce en mayor previsibilidad para cada uno de ellos. Como lo demostró Axelrod en su famoso estudio sobre la evolución de la cooperación, la previsibilidad retroalimenta el proceso positivamente, es decir, las interacciones conducen a más interacciones y mientras más se repitan más estables serán.

Entonces, según lo expuesto, en una interacción dada, la dependencia total sería quedar a merced del contrincante dada la ausencia o desperdicio de recursos para lograr la consecución de los intereses propios. Para graficarlo, sería un juego de costo-beneficio en el cual una de las partes obtiene un beneficio que es directamente proporcional al costo en que incurre la otra, es decir, un juego de suma cero. No está de más decir que, aunque muchas veces los jugadores parezcan irracionales, la regla es que busquen siempre el óptimo según sus recursos y la coyuntura. Los resultados sub óptimos representan una derrota y normalmente se dan por problemas de información o negligencia de los jugadores. En muchos casos, el error del jugador es la mala lectura de sí mismo, del otro, de los recursos disponibles para cada uno y del entorno de interacción. Estos aspectos conducen indefectiblemente a un diseño de estrategia erróneo y el consecuente desperdicio de recursos y, sobre todo, oportunidades.

El oasis de la independencia

Puede ser un ejercicio de investigación sumamente complejo rastrear cuáles fueron los últimos eventos internacionales de relevancia para la República Argentina en los que ésta logró desarrollar una estrategia que haya aumentado o, mínimo, conservado los grados de libertad de los cuales disponía antes de comenzar la interacción. No obstante, la nobleza obliga a reconocer que ha estado en la intención de los sucesivos Jefes de Estado, o al menos así lo expresaron, continuar avanzando hacia la independencia. Entonces, ¿qué pasó? Luego de tres décadas de democracia en las que ciertamente se han intentado distintas recetas, Argentina todavía no logra encontrar una fórmula de política exterior que gradualmente le brinde mayor espacio en el concierto de naciones que día a día intentan ganar un lugar en la arena internacional.

Es la ausencia de gradualismo, que sólo ha aparecido de manera espasmódica y en algunas áreas de nuestra política exterior, lo que nos ha conducido hasta la marginalidad relativa en la cual nos encontramos sumidos hoy. Nuestros funcionarios, apoyados por una sociedad que todavía conserva la nostalgia de la Argentina potencia, han caído víctimas del “oasis de la independencia”. El oasis de la independencia es una ilusión óptica que se ve desde lejos en la arena internacional y que, como lo indica su nombre, no deja de ser producto de la mente. No obstante, cada vez que lo vemos, apostamos todo a llegar a él, a la tierra prometida. Luego del esfuerzo vemos que ese objetivo está cada vez más lejos, estamos cada vez con menos recursos y más adentro del desierto. Dos ejemplos de la última década que permiten pensar que nuestro modus operandi en política exterior se condice con lo expuesto anteriormente.

1)      Dolor recurrente de bolsillo.

En primer término, el desendeudamiento actual es un hecho que evidentemente tiene sus reveses. Es de público conocimiento que Argentina defaulteó la deuda más grande de la historia y, luego de dos años, hizo también la reestructuración más grande de la historia. Asimismo, en 2005 se saldó en un solo pago la deuda con el FMI. Estos hechos han suscitado gran apoyo y legitimidad a la administración de Néstor Kirchner y la actual presidenta, su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, quienes hicieron propias las banderas del llamado “desendeudamiento”. Argentina “decidió” mantenerse fuera de los mercados de capitales a la vez que hizo todo lo posible por ensalzar su independencia de los mismos mediante la crítica y el ninguneo.

Hasta este punto, aún con discusiones, son decisiones de política legitimadas por el voto popular. Cuestionar la reestructuración pagada con cupones del PBI y el saldo de la deuda con el FMI per se puede no tener ningún sentido. Ahora bien, si se evalúan las características de la coyuntura y algunos hechos posteriores, estas acciones si podrían ser cuestionables.

El pago al FMI vino acompañado de una política de beligerancia explícita hacia el organismo en todos y cada uno de los foros internacionales, haciéndolo responsable de los sin sabores de nuestra historia reciente, además del incumplimiento del artículo donde los países signatarios se someten voluntariamente al monitoreo anual de sus cuentas públicas. Años después, cuando Argentina comienza a retocar sus estadísticas de inflación (para pagar menos bonos reestructurados) el directorio del FMI presenta una moción de censura para el país. Luego de algunos meses y muchas críticas de un lado y el otro, Argentina se dispone a recibir a los técnicos del organismo para delinear un nuevo Índice de Precios al Consumidor.

Si bien el proceso tuvo más condimentos, con esta información podemos preguntarnos ¿en qué medida el pago al contado de la deuda con el FMI junto con el incumplimiento del estatuto del organismo al cual Argentina suscribe fue una oportunidad o un problema para lograr mayores márgenes de libertad?

Cabe decir, entonces, que lo que en un principio pareció eximirnos de dar explicaciones, terminó poniéndonos por algunos meses en el tope de la agenda económica internacional, lo cual es excesivo considerando el tamaño de nuestra economía. Lo que quedó en la mente de los mercados es que Argentina: a) es desleal con los contratos firmados ya que no cumple con el estatuto del organismo al que voluntariamente suscribe; b) modifica sus estadísticas para incumplir otros contratos suscritos, como es la emisión de un bono de deuda.

Hoy el país, a regañadientes, vuelve a tener funcionarios del organismo trabajando en cuestiones soberanas y, a su vez, es palpable una percepción negativa generalizada a nivel internacional sobre su imagen económica y, si se quiere, jurídica internacional.

2)      Protegernos ¿hasta quedarnos solos?

La administración del comercio exterior es una medida soberana de cada país y, hay que dejarlo en claro, es en estos últimos años en los cuales, en un mar económico complejo, los países han hecho de las medidas comerciales una herramienta cada vez más usual. Esas medidas se han vuelto, especialmente en los últimos años, cada vez más naturales y normales en nuestro país bajo múltiples vías, la más conocida son las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación.

Aunque la justificación de nuestros funcionarios sobre la utilización de dichas vías para trabar el ingreso masivo de productos producidos a menor precio en mercados de menores costos tiene algún sentido, si vamos más allá del discurso, al llegar a la implementación de este motto de independencia comercial vemos que ha sido aplicado de manera desordenada y discrecional.

El punto más grave puede ser la sanción de la OMC impulsada por Estados Unidos, Japón y la UE. En la mayor vidriera comercial del mundo, Argentina nuevamente quedó mal parada y señalada como desleal en su modo de competencia. No obstante, hay otro capítulo regional de la cuestión que tiene que ver con la Unión Aduanera de la que nuestro país fue socio fundador, el Mercosur. En la actualidad el nivel de complementación comercial entre Argentina y Brasil, hermanos mayores de este mercado común, es extremadamente alto. Aún así, sobrevuela desde hace años la idea, sobre todo entre la FIESP (Federación de Industrialistas de San Pablo), de que la asociación comercial está dejando de ser redituable, especialmente para Brasil. Aún cuando el desequilibrio de la balanza bilateral es, por lejos, positivo para ellos. 

Muchos analistas podrán decir que es el curso natural de la evolución internacional que ha demostrado Brasil en estos últimos años que está muy relacionada con su tamaño relativo. Cabe decir sin embargo que el juego desleal comercial de Argentina con el mundo fue des-inteligentemente también aplicado con Brasil y, si bien este último llamó la atención de Argentina repetidas veces, los pedidos fueron aceptados con tono diplomático pero ignorados en la práctica.

¿En qué medida, entonces, Argentina logró reducir los déficits comerciales mediante las trabas a importaciones de sus mayores socios comerciales? Dicho en otros términos, ¿tiene nuestro país hoy mayor independencia de sus principales socios comerciales que cuando se pensaron las DJAI? El Mercosur, pensado para que la región gane densidad comercial y para volver a nuestros países más independientes del mundo, hoy desde Brasil y Uruguay lo quieren desactivar. Argentina ya lo hizo de facto hace tiempo, ignorando los compromisos asumidos originalmente.

La paradoja de la dependencia

                Como se subrayó anteriormente, lo paradójico de ambos casos es que Argentina intentó con las medidas aplicadas demostrar, afianzar o lograr cierta libertad e independencia que luego no fue tal, generando un tendal de heridos, ofendidos y percepciones negativas sobre su comportamiento. Por sobre todas las cosas, terminó dependiendo de esa imagen negativa y fracasó en mejorar su situación de partida original.

¿Es que todos los países tienen una conducta 100% leal con pares y organismos internacionales? Definitivamente no. Simplemente unos tienen más libertad que otros para romper las reglas y es justamente esa la lectura del orden internacional que debería hacerse ante cada movimiento. No todos los contrincantes son iguales y el contexto de juego definitivamente es un condicionante sobre la estrategia a desarrollar.

Tanto la política de “desendeudamiento” así como la política comercial podrían haberse desarrollado cultivando un perfil más bajo y de manera más gradual. Si bien suponer eso es hacer historia contra fáctica, podemos imaginar que la censura del FMI y la vuelta de sus funcionarios hubieran tenido menores costos políticos y económicos o ni siquiera hubieran ocurrido. En este caso particular, la política de independencia del FMI produjo un resultado sub óptimo.

Algo similar sucede con la política comercial donde una aplicación irrestricta generó cortocircuitos con socios que son en extremo importantes para el país. Para reconfigurar las relaciones estaremos en una posición de debilidad al momento de volver a sentarnos en la mesa de negociaciones.


La política exterior no puede desarrollarse con la ilusión de la independencia mediante un golpe de puño en la mesa. Asimismo, la lógica del “all in” cada vez que se desarrolla una interacción tampoco puede ser la estrategia. El objetivo de aumentar los grados de libertad y el margen de maniobra exige un gradualismo pragmático que lamentablemente todavía tenemos pendiente.